Son muchos los jugadores de fútbol que han debido enfrentarse a problemas psicológicos como la depresión, en muchos casos en soledad. Recordamos el caso de Toño Castro, quien fue parte de los años dorados del C.D. Toledo.

Hay una serie de calificativos recurrentes que nunca faltan cuando alguien se refiere a la ciudad de Toledo. La Ciudad Imperial, crisol de culturas, joya del arte hebrero, meca del Mazapán, todas valen para describir de un plumazo a la histórica Toledo. Pero para aquellos a los que les gusta el fútbol hay otras dos palabras, en realidad son tres, que inequívocamente nos llevan a la capital manchega: “Salto del Caballo”. Y es que, efectivamente, el peculiar nombre del estadio del C.D. Toledo es como el de Los Pajaritos, La Condomina, El Plantío o Las Gaunas, que hacen que todo buen aficionado al futbol identifique el nombre del estadio con el de su equipo local, independientemente del momento más o menos dulce de su historia en el que se encuentre.

Vista del Alcázar desde el Salto del Caballo (Toledo)

Como todo club histórico, el C.D. Toledo cuenta con nada menos que 92 años de vida, ha vivido años de bonanza en la que los aficionados “bolos” se permitieron soñar con la Primera División. Hablamos de los años 93-94, en los que tras ascender de la 2ªB llegó a jugar una promoción de ascenso contra el Real Valladolid. No pudo ser, al final el Valladolid, que había asegurado aquella eliminatoria como mal menor en aquel bochornoso “paripé” contra el Celta de Vigo en el que decidieron no dispararse a puerta, acabó imponiéndose al equipo dirigido entonces por Gonzalo Hurtado.

Como todo club histórico, el C.D. Toledo cuenta con nada menos que 92 años de vida, ha vivido años de bonanza en la que los aficionados “bolos” se permitieron soñar con la Primera División.

Aquel Toledo, que a lo largo de su historia ha contado con nombres ilustres en sus filas como Abel Resino, Jan Urban, Javi Casquero o el propio Unai Emery , tenía en su plantilla a jugadores  importantes como su mítico portero Jacinto Villalbilla, el ex atlético Marina y también a Toño Castro. Toño había llegado a Toledo en el mercado invernal de la 92-93 debutando con su equipo en el histórico 0-4 que le endosó al Atlético de Madrid en el Calderón en aquella eliminatoria de la Copa del Rey de diciembre del 92. Siempre fue un hombre importante en aquella plantilla, precisamente Toño marcó en el partido de ida de la mencionada eliminatoria de promoción a primera división de la 93-94 que terminó 0-1 pero lamentablemente fue baja por una lesión muscular en el partido de vuelta donde el equipo manchego acabó cayendo derrotado por 4-0. Quién sabe cómo podría haber cambiado el sino del C.D. Toledo de haber estado disponible Toño ya que él era uno de los pilares en los que se apoyaba la defesa de aquel ilusionante equipo.

Imagen de la eliminatoria entre el C.D. Toledo y el Real Valladolid

Toño Castro era un gran central, corpulento pero de buen manejo de balón, que iba muy bien por alto aunque su punto débil residía precisamente en esa parte del cuerpo que se utiliza para el juego aéreo. Para el que no la conociera, la historia de Toño, ya adelantamos que triste, empezó en lo futbolístico en su Avilés natal, pasando después por el Sporting Juvenil. Allí despuntó lo suficiente como para con 20 años fichar por el Valladolid B y acabar recalando en el Toledo. Donde, además de aportar su buen juego, protagonizó un episodio preocupante que ya dejaba al descubierto su gran debilidad. Aquel oscuro capítulo de su historia consistió en la desaparición  del jugador asturiano durante unos días en los que se llegó a temer lo peor por parte de compañeros, amigos y familiares. Fue a finales del mes de enero del 94 cuando, de un día para otro, decidió ausentarse de los entrenamientos sin mayor explicación. Llegó el fin de semana, en el que el Toledo se enfrentaba al Real Murcia y Toño seguía sin aparecer.

Lógicamente las especulaciones de todo tipo no se hicieron esperar, el jugador pidió perdón y asumió cualquier sanción que el club se plantease

Finalmente, el jugador fue localizado junto a su novia en un hotel de Madrid. Lógicamente las especulaciones de todo tipo no se hicieron esperar, el jugador pidió perdón y asumió cualquier sanción que el club se plantease y simplemente alegó que “No nos dimos cuenta que habría personas preocupadas por nosotros hasta el domingo. En ese tiempo, ni pensé que era jugador de fútbol, ni tampoco pensé en el partido que se iba a jugar en Murcia. Yo solo pensaba que lo estaba pasando mal anímicamente y que lo que había hecho era lo mejor. Ahora se te viene todo encima y te arrepientes”. Aquel hecho dio a entender que algo no marchaba bien en la muchas veces presunta idílica vida de un prometedor futbolista profesional. No hubo más detalles de las circunstancias de aquella huida pero si uno se paraba a pensar y no a especular, estaba claro que Toño tenía un problema grave. Un problema que  además, a diferencia de otras lesiones, no se ve con una resonancia o ecografía. Y que no se hace evidente para los que rodean al que lo sufre a través de unas muletas o escayola. Las cuales que ayudarían a ver a los demás que efectivamente algo se ha roto por dentro. El problema de Toño, como el de mucha gente, residía en que a veces, a pesar de contar con un físico extraordinario, le faltaban fuerzas para asumir las exigencias del día a día. En que aquellos hechos cotidianos que todos verían como simples o casi automáticos, para gente como Toño podrían suponer una inexplicable sensación de inseguridad con su consiguiente carga de ansiedad. A pesar de aquello, Toño pudo despuntar en aquel malogrado Toledo que se quedó a las puertas de la gloria y llegó a ser un jugador relativamente importante de Primera División, pasando tres temporadas en el también histórico y añorado S.D. Compostela. Pero todo aquel periodo de presunto éxito, día tras día, año tras año, sin gestionarlo debidamente derivó en un final fatal. En 1999 con 27 años dejaría el fútbol profesional y en diciembre de 2006 fallecía tras precipitarse al vacío desde una de las murallas de la ciudad de Ibiza.

Recorte de periódico donde se hablaba de la desaparición de Toño Castro

El problema de Toño, sin tener acceso a su expediente médico, apunta al tan común mal de la depresión y trastornos por ansiedad. Un problema que, si bien cada día se hace más por visibilizar, es tratado en la mayoría de los casos como un tema tabú y más aun en el mundo del futbol o el deporte en general.  Son muchos los casos de enfermedad mental que se han conocido a posteriori como son el de Andrés Iniesta, que a pesar de ser reciente campeón del mundo no pudo superar otros reveses que le asestó la vida y cayó durante un tiempo en la depresión. Juanele, con otro tipo de trastornos muy complejos relacionados con la bipolaridad o también el malogrado Robert Enke, que por desgracia decidió poner fin a su vida. Pero sin duda se trata de una proporción ínfima con respecto a la cantidad de casos que una profesión tan exigente y expuesta al juicio del público ha debido ocasionar.

(…)quizá en esos momentos son las palabras de apoyo lo que más puede sanar a una mente que se encuentra al borde del colapso.

Es paradójico que cuando un jugador cae lesionado de gravedad sea accesible para todo el mundo los partes médicos con las consiguientes muestras de afecto y apoyo de compañeros y aficionados. Sin olvidarnos que esas palabras animan al afectado pero no hacen que cicatrice mejor una herida o suelde mejor un hueso o ligamento. Sin embargo, cuando un jugador cae en el pozo de la depresión o la ansiedad, no solo no se visibiliza el problema, sino que a menudo las especulaciones sobre la vida personal o malos hábitos de salud corren como ríos de lava a su alrededor, aislando aún más al perjudicado; sin detenerse a pensar que quizá en esos momentos son las palabras de apoyo lo que más puede sanar a una mente que se encuentra al borde del colapso.

Cromo de Toño Castro con la S.D. Compostela (96/97)

Son muchas las carreras frustradas en silencio por este mal y lamentablemente en muchas ocasiones se acaba culpando al propio jugador acusándole de comportamientos poco profesionales. Es un tema complejo que requiere reflexión y comprensión por parte de todos, aficionados incluidos.  Sirva este recuerdo a un gran jugador como fue Toño castro como homenaje a todos aquellos que se han visto afectados por esta compleja enfermedad, tan fatal como invisible, pero de la que, como en los partidos importantes, si se pelea y se juega bien en equipo,  se puede salir victorioso.

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