
Las temporadas del Atlético de Madrid en los últimos años siguen un patrón muy análogo. La trayectoria de los del Cholo Simeone da lugar a sensaciones muy familiares en una afición que muestra una división notable.
Las fórmulas sabidas en ocasiones son muy rentables. En algunos ámbitos la reiteración es precisamente a lo que se aspira o desea por sus destinatarios, que torcerían el gesto si algunos patrones cambiasen. Hay ejemplos muy claros de vigencia de fórmulas sabidas que no se alteraron durante décadas: las películas de James Bond o la mayoría de las de Woody Allen, las novelas de Agatha Christie o John Grisham o los cómics de Axteris. Todos ellos son previsibles, tienen unos elementos comunes que se repiten con insistencia y suelen dejar un poso agradable en sus seguidores. Cuando uno se acerca a ellos se sabe lo que va a encontrarse, y de ahí se deriva una fidelidad a prueba de bomba. Es más, no se admitirían de buena gana variaciones sobre los originales.
Que esto ocurra en el fútbol es más dudoso. La incertidumbre debe de ser un elemento clave para acercarse a lo que ocurre en un terreno de juego, de hecho el desconocer el resultado final al comienzo del encuentro es lo que justifica el sentarse delante de un televisor o acudir a un estadio. También hay matices en ello: a fin de cuentas las estratificación existente y agravada en los últimos años entre ricos y menos pudientes marca el desarrollo de los partidos o las competiciones. Pero siempre cabe un margen de duda en que el Getafe o el Celta sean capaces de ganarle a Madrid o Barça, o al menos les pongan en graves apuros.

Más preocupante, en mi opinión, es que la sensación de rutina se vaya extendiendo a temporadas completas. Que más o menos uno vaya percibiendo desde el comienzo de las mismas lo que va a suceder y cada vez se tengan menos esperanzas en que las cosas adquieran un rumbo distinto al que es previsible. Durante las últimas décadas del siglo XX los aficionados del Sevilla lo expresaron de forma muy elocuente con el cántico “Otro año igual, otro año igual”, con el que manifestaban con ironía y desencanto que las temporadas de su equipo apenas ofrecían estímulos y emociones, ya que sus resultados se repetían con insistencia.
En buena medida el Atlético de Madrid actual sigue esa tendencia tan peligrosa y que hace perder el interés en lo que sucede en el terreno de juego. Queda mucho por disputarse de la temporada que está en curso y aun es posible que pasen muchas cosas estimulantes, pero sería del género tonto no reconocer que los síntomas no son muy esperanzadores. Es ya una tradición consolidada en los últimos cuatro años el llegar a navidades mas bien alejados de la lucha por el título, el mirar con desconfianza y pocas ganas la artificial Supercopa de Arabia en la que uno se siente un relleno innecesario, el estar pendientes de los sorteos de la Copa del Rey como única tabla de salvación de cara a ganar un título, pese a ser un trofeo que se ha malgastado de forma lamentable durante casi toda la era Simeone, el disputar partidos de Champions con la creencia asentada que el techo está, como mucho, en cuartos de final o cuando llegue un rival mínimamente exigente. No en vano es lo que viene sucediendo desde 2019, con la única excepción (muy notable eso sí) de la Liga del 21.
La reiteración de temporadas regidas por el mismo patrón amenaza con que el Atlético sea un equipo poco estimulante de cara a incentivar el interés de unos aficionados que desean que sea el agitador que todos esperan. La rutina es uno de los peores enemigos del espectador de fútbol
Y es que todos sabemos las frases que han acompañado al equipo en los últimos cuatro años desde todas las posiciones existentes: los objetivos se cumplen, luchamos ante gigantes que nos triplican el presupuesto, el club sigue creciendo, somos una marca consolidada y en expansión, estamos en fase de renovación de la plantilla, el proyecto es a medio y largo plazo, acordaros cómo estábamos antes, no hay ambición real, la época del Cholo acabó hace años, la plantilla es una basura, faltan posiciones claves que no están cubiertas,……La existencia de lugares comunes es una de las pesadillas más recurrentes del aficionado futbolero.

A ello hay que añadir que las redes sociales y los canales de Youtube han permitido a los aficionados rojiblancos huir de los medios tradicionales de información deportiva, todas ellas absorbidas por una única realidad que se pretende que sea rentable: la que afecta a Madrid y Barça. Pero la era digital ha permitido la proliferación de canales que se centran en exclusiva en la actualidad rojiblanca, algo que paradójicamente ha contribuido mucho más a la polarización: en ellas se suceden tertulias en las que puede apreciarse un sesgo evidente entre cholistas y anticholistas, entre los que defienden al entrenador a toda costa y los que le culpan de todos los males, entre los que alegan que la plantilla en realidad es muy mediocre y los que replican que todos ellos son internacionales. Cuando uno se acerca a esos canales tiene la impresión de haber estado oyendo el mismo programa los últimos cuatro años (bueno, al menos la actualidad político-mediática reciente no le va a la zaga y hasta casi resulta más terrorífica por reiterada, aburrida y monocorde).
La actualidad rojiblanca es por lo tanto en buena medida un día de la marmota que no por sabido es por ello menos frustrante. Hay en ella tendencias casi inalterables: una buena racha de resultados hace que empiece a cundir el optimismo, pero bastan dos tropiezos para que se vuelva a la cruda realidad. Los partidos en el Metropolitano implican que nazca la ilusión de poder aspirar a cosas grandes, pero contemplar la forma en que se desempeña como visitante el equipo provoca que la mayoría de aficionados sienta que ha malgastado dos horas de su vida delante del televisor. Y lo peor de este patrón de juego y resultados es que ,inevitablemente, se cae en tierra de nadie, casi la peor noticia para mantener la atención sobre algo, ya que es tónica habitual que a mediados de años la lucha por el título se haya alejado, al mismo tiempo que la plaza en la Champions del año siguiente no pasa por ningún peligro, dado el nivel que la Liga española muestra en las últimas temporadas. Ni por arriba ni por abajo se producen cosas que estimulen la excitación de lo que ocurre en los terrenos de juego.
Sería conveniente que los nuevos dueños del equipo al menos tuvieran clara una cosa: el lugar en el que pretender estar. Sólo desde esa perspectiva podría hacerse un proyecto realista con las dosis de ambición necesaria para devolver la ilusión
Sería conveniente que los nuevos dueños del equipo al menos tuvieran clara una cosa: el lugar en el que pretender estar. Sólo desde esa perspectiva podría hacerse un proyecto realista con las dosis de ambición necesaria para devolver la ilusión. El Atlético de los últimos años es consecuencia de una gestión que ha consolidado una idea poco exigente, la de que con el tercer puesto se cumplían los objetivos porque los números cuadraban. El planteamiento, realista y objetivo pero llevado a extremos radicales, ha terminado por atrofiar al club, por más que se haya intentado paliar en las últimas dos temporadas con una fuerte inversión, no siempre bien encauzada, con la llegada de varios jugadores de precio alto y prestaciones sobre el campo bastante más dudosas. Amparados en el mesianismo de un entrenador eterno, al que cada vez se le ha ido exigiendo menos por parte de una dirigencia que no le retribuía en función de sus resultados actuales sino por el legado desde su llegada y el agradecimiento por la revalorización del club, el equipo ha ido perdiendo sus señas de identidad y no ha sabido resetearse ante las exigencias del fútbol moderno al menos para competir en la élite.
El Atlético actual es un club con un potencial claro y en muchos aspectos envidiable: cuenta con una masa social amplia y fiel, un estadio de lujo centro de numerosas actividades y fuente de ingresos, por primera vez casi en su historia dispone de una economía que le permite invertir con cierta solvencia en el mercado y puede acceder a jugadores de nivel, aun con sus limites. Hace falta que esas posibilidades sean explotadas para que los aficionados dejen de percibir ese deja vu tan irritante de los últimos años.


Comparto totalmente el certero análisis de este artículo. La rutina que sigue a objetivos mediocres es letal para la ilusión. La pregunta es si los propietarios, los dirigentes y los aficionados quieren, de una vez y en palabras de nuestro articulista Álvaro, pertenecer a la clase alta o a la clase media de nuestro de fútbol. Hasta el momento, mientras el objetivo de propietarios y dirigentes sea quedar tercero o cuarto (aún a veinte puntos del primero), y mientras el objetivo de la gran mayoría de aficionados atléticos sea quedar tercero o cuarto, siempre que la Liga la gane el Barça, la respuesta es evidente. Recemos al dios Apolo para que lo remedie.