
Muchas generaciones de aficionados jóvenes, solo han vivido las competiciones europeas en los formatos actuales. Pero hubo un tiempo muy prolongado en el que los títulos del viejo continente se disputaban de forma muy distinta al actual. Y no faltan los nostálgicos de las viejas fórmulas
A mediados del siglo XX Europa trataba de recomponerse tras el cataclismo de dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo. Se buscaban fórmulas de crear vínculos entre las naciones que evitaran más tragedias de ese calado, la más notable fue la creación de la Comunidad Económica Europea, embrión de la actual UE. Pero también el deporte era campo de pruebas para tal finalidad.
El fútbol se había erigido como espectáculo de masas en buena parte de los países del viejo continente. Un visionario periodista, Gabriel Hanot, director del diario L,Équipe, tuvo una ocurrencia que terminaría cuajando: ideó una competición por eliminatorias entre los campeones de Liga de alguno de los campeonatos más importantes. Así se hizo en 1955 con la creación de la llamada Copa de campeones de Europa, en abreviatura denominada desde entonces Copa de Europa.
Paralelamente, desde Inglaterra se promovía una competición en la que participasen las selecciones de las ciudades con ferias de comercio o asuntos industriales, a la que se denominó Copa de Ferias. Su concepto era distinto al de la Copa de Europa; no se trataba de una competición de clubes sino de selecciones integradas por equipos de las ciudades y los criterios de participación no eran estrictamente de clasificación por méritos deportivos sino por invitación por tener ferias de comercio.

Pero la recién creada U.E.F.A decidió avalar a la Copa de Campeones y en vista de su éxito, extendió su fórmula en 1961 para otra competición que juntaba a los campeones de Copa de cada país, que en España fue denominada Recopa. La Copa de Ferias se quedó con el aval de la FIFA, y fue poco a poco apartándose de sus ideas iniciales; casi desde sus inicios participaban equipos y no selecciones de ciudades, la competición fue consolidándose poco a poco ya que en ella participaban clubes importantes que no jugaban ni la Copa de Europa ni la Recopa, y desde la temporada 69-70, se consolidó la idea de clasificación para la misma según la posición en que se hubiese acabado en la Liga nacional. En 1971 el máximo organismo del fútbol europeo la asumió como propia y pasó a denominarse Copa de la U.E.F.A
Ese formato de eliminatorias directas y ausencia de liguillas marcó al fútbol europero durante cuatro décadas. Los aficionados esperaban expectantes los sorteos de cada ronda para ver quién había correspondido en gracia en cada una de las rondas, de la misma forma que las Copas nacionales. La fórmula tenía consecuencias muy evidentes: se aumentaba el riesgo de ser eliminado a las primeras de cambio y las posibilidades de sorpresas eran mucho más reales. Existían por descontado los cabezas de serie y lo normal solía ser que los más poderosos pasaran las primeras rondas; pero en especial del este de Europa procedían numerosas amenazas de equipos de buen nivel que en una eliminatoria a doble partido (y más si el partido de vuelta era en campo contrario) podían dar la campanada, como así era en no pocas ocasiones.
Algunas dinastías resaltables del fútbol europeo tuvieron comienzo en los formatos antiguos: el Bayern Munich legendario de Beckembauer, Hoennes o Muller, tuvo su primer gran éxito internacional en la Recopa de 1967, el legendario Liverpool consiguió su primer entorchado internacional en la U.E.F.A de 1973, la Juventus de Turín no vio iniciado su palmarés más allá de sus tierras hasta que ganó el mismo torneo en 1977, el Dinamo de Kiev fue el primer país del telón de acero en conseguir un título de esa naturaleza en 1975 con la Recopa. En la Copa de Europa se vivían triunfos sorprendentes por inesperados tales como el del Celtic de Glaslow en 1967, el Feyenoord en 1970, el Noottingam Forest en 1979 y 1980, el Aston Villa en 1982, el Hamburgo en 1983 o el Steaua de Bucarest en 1986.
El fútbol de las antigua Europa estaba teñido por eliminatorias a cara de perro desde el mes de septiembre, sorpresas insólitas, angustias por presupuestos que no cuadraban por eliminaciones tempranas y un halo de incertidumbre en cada edición de las tres competiciones continentales.
Algunos hitos de esa vieja Europa futbolística quedaron grabados para siempre en los aficionados: el Atlético de Madrid vivió su primer triunfo internacional con la Recopa del 62, lo mismo que el Valencia con la Copa de Ferias de ese mismo año, el Barcelona vivió su primer gran triunfo de la era moderna con la Recopa de 1979 en Basilea, en esa misma competición un joven entrenador llamado Alex Ferguson consiguió su todo un hito al batir nada menos que al Real Madrid en la final de 1983. La Quinta del Buitre no logró nunca el triunfo en la vieja Copa de Europa, pero si se hizo con las UEFAS de 1985 y 1986 y ¿quién no recuerda el gol de Nayim desde el centro del campo en la final de la Recopa de 1995?. El fútbol del entonces estaba teñido por eliminatorias a cara de perro desde el mes de septiembre, sorpresas insólitas, angustias por presupuestos que no cuadraban por eliminaciones tempranas y un halo de incertidumbre en cada edición de las tres competiciones continentales.

Pero este panorama gustaba más a los aficionados que a los directivos; en especial a los de los equipos más importantes del continente. Muchas de sus expectativas económicas se veían frustradas en caso de fiascos en las competiciones europeas y además un invitado nuevo hacía acto de aparición a finales de los 80: la televisión por cable que estaba dispuesta a regar de cuantiosos contratos por contar con los derechos de emisión de las principales competiciones. No en vano el fútbol europeo de entonces estaba comandado por el Milán a cuyo timón se encontraba un magnate del medio televisivo: Silvio Berlusconi.
El italiano empezó a alzar la voz para buscar una unión entre los principales clubes de Europa, lo que se denominó como el G-14, en el que concurrían el propio Milán, Real Madrid, Bayern Munich, Juventus…….En la Copa de Europa 87-88 la primera eliminatoria había deparado un cruce Real Madrid- Nápoles, ganó el Madrid pero muchos se quedaron con la idea de que era impensable que uno de los grandes favoritos se fuera tan pronto de la lucha por el título. Los grandes clubes empezaron a plantearse el salirse de los cauces oficiales para crear ellos su propia competición; a fin de cuentas las cuotas de mercado que manejaban les permitían esa elucubración. La televisión estaría dispuesta a pagar a aquellos que garantizasen sus audiencias. La amenaza era más que real.
La presión de los equipos poderosos por salvaguardar sus intereses, y su influencia por las cuotas de mercado que manejaban obligó a la U.E.F.A a alterar el sistema de competición para que los principales clubes tomaran parte en el maná que los contratos televisivos traían al deporte rey
Pero la U.E.F.A reaccionó a tiempo. Por un lado salirse de las competiciones europeas suponía violentar a las federaciones nacionales, a las que uno debe de pertenecer si se quiere tomar parte en los campeonatos. Por otra, el mecanismo a seguir para calmar las aguas era simple: transformar las competiciones europeas a favor de los más poderosos. De esta forma se fue configurando un torneo principal, la Liga de Campeones que sustituía a la vieja Copa de Europa, con un formato que progresivamente fue incluyendo a los primeros clasificados de las Ligas europeas. Del jugoso contrato televisivo que genera esa competición, los participantes en la misma tienen garantizado un fijo estimable al que van incrementando cantidades por partidos ganados y clasificaciones para las respectivas rondas.
Este sistema ha favorecido una estratificación del fútbol europeo que no ha hecho sino incrementarse con el paso de los años. La Champions es donde se concentra la aristocracia del fútbol continental, mientras que la Europa League y la reciente Conference, recogen a las clases medias cada vez más alejadas de esa élite con la que guardan diferencias económicas cada vez más acusadas. El acceso de los cuatro primeros de cada Liga a la Champions supone un seguro de vida para los principales clubes, que ven alejado el fantasma de una eliminación inesperada, descartada por el sistema de liguilla. Los ingresos derivados de esa contingencia les permite abordar contrataciones y salarios que dejan cada vez más lejos a los integrantes de las capas inferiores de sus Ligas. Con todo, esa aristocracia cada vez quiere más; así lo demuestra los recientes intentos de crear una Superliga europea que aún les permita una mayor tajada de los beneficios del fútbol, que esa élite considera como su patrimonio casi exclusivo; un beneficio que no tuvieron durante muchos años en los que las meritocracia pura y dura regía el acceso a las competiciones y el modelo de competición provocaba una gran incertidumbre en los resultados.

