
En fechas recientes se ha producido el cese de Xavi Alonso como entrenador del Real Madrid. Más allá de las opiniones que pueda provocar tal decisión supone una buena ocasión para compararla con lo que ocurre a no mucha distancia en la misma ciudad
En toda actividad humana señalar los objetivos es una función primordial de la dirigencia de las organizaciones. Cumplirlos o no llegar a ellos marca el destino de los profesionales encargados de los mismos. En pocas actividades se manifiesta esta variable como en el mundo del deporte profesional en general y del fútbol en particular. Toda temporada trae consigo baile de entrenadores, mas allá de la valoración que provocan los mismos. Se sabe la vieja máxima: es fácil echar a uno y muy complicado hacerlo con veinte.
Xavi Alonso llegó al Real Madrid con la conformidad generalizada del entorno blanco: aficionados y prensa parecieron contentos con la decisión. Todo en él parecía mostrar una adecuada hoja de servicios para el desafío: fue un jugador destacado de la casa y la selección española, sus primeras experiencias como técnico en Alemania resultaron mas que exitosas y en él parecían converger las cualidades de un entrenador moderno y ajustado a los nuevos tiempos, con gusto con el método y la planificación, capaz de otorgar personalidad a un equipo de élite.
Con algunas excepciones notables el fútbol moderno parece señalar que el camino al éxito lo otorgan proyectos al menos a medio plazo: Guardiola no vivió triunfos iniciales en el City, Klopp tuvo que esperar cuatro años para crear la mejor versión de su Liverpool, Arteta sólo ha conseguido hasta la fecha el metal de una FA Cup en seis temporadas al frente del Arsenal, el propio Luis Enrique no pudo alcanzar en su primer año el sueño dorado de la Champions y vivió unos primeros meses complicados. En todos esas trayectorias señaladas en la actualidad como destacadas hubo una paciencia inicial de los clubes que apostaron por esos técnicos.
Con algunas excepciones notables el fútbol moderno parece señalar que el camino al éxito lo otorgan proyectos al menos a medio plazo:Guardiola. Klopp, Arteta o el mismo Luis Enrique son ejemplos de ello
Con Alonso, por el contrario, no ha habido ni una cierta aproximación al beneficio de la duda. Se le emplumó un marrón inicial que solo podía salir medio bien: un prescindible Mundial de clubes en el que cogió a un equipo sobre el que no había apenas trabajado. Bastó una hasta cierto punto lógica goleada del PSG para que se empezara a dudar de él. Esas dudas y reticencias le han acompañado a lo largo de su escasa trayectoria, y no le abandonaron ni si quiera cuando contó sus primeros partidos en Liga y Champions con pleno de victorias; el juego era discreto decían.

Una goleada en contra en el Metropolitano ante el Atlético de Madrid, selló su destino. Desde la dirigencia del club y su entorno mediático controlado por la misma, se empezaron a deslizar todo tipo de rumores al respecto de su continuidad. Un incidente con Vinicius dejó claro que el entrenador no estaba en posición de fuerza: apenas hubo reproche institucional a una falta de disciplina evidente por parte del voluble jugador. Para colmo los resultados empezaron a flojear. Cada semana y cada partido parecían contener un plebiscito sobre la permanencia en el banquillo del donostiarra que capeaba el temporal como podía. No era el entorno más adecuado para quien había llevado a lo mas alto al modesto Bayer Leverkusen desde la humildad y el trabajo bien hecho.
Fue una derrota por la mínima en la final de la Supercopa de Arabia ante el Barça la que dio la excusa para su relevo. Ni siquiera se necesitó una debacle ante el máximo rival para acelerar una decisión que el presidente, según todos los indicios, estaba como loco por tomar. El Madrid no andaba muy rumboso pero seguía en la pelea por la Liga y bien situado para consolidarse en el top-8 de la Champions; de todas las maneras parece resultar una medida un tanto exagerada. Simplemente la situación no parecía tan grave como para adoptar una solución tan drástica. Es comprensible la exigencia de resultados y juego en un club de la dimensión del Real Madrid, pero toda esta historia ha sonado demasiado a trato displicente y un tanto injusto a un entrenador por el que se apostó con un contrato de tres años. Alonso deja el Real Madrid bajo la premisa de un mensaje muy claro: los entrenadores en el Real Madrid son un elemento muy secundario.
Es comprensible la exigencia de resultados y juego en un club de la dimensión del Real Madrid, pero el trato otorgado a Xavi Alonso ha mostrado cierta displicencia y una alarmante falta de valoración de su capacidad profesional. Todo ha sonado un tanto exagerado. La situación no parecía tan grave para decisión tan drástica
Si en el Bernabéu cualquier resultado negativo es tomado casi como una ofensa a la historia del club, y no como una consecuencia lógica de la competición; en el Metropolitano se vive bajo una premisa muy distinta: nunca parece pasar nada. En el club parecen tener muy claro que lo único permanente es la presencia del técnico que revertió la trayectoria errática del equipo hace ya unos largos catorce años. Pasan los jugadores, pasan los directores deportivos y siempre permanece Simeone. Es posible que entre los aficionados exista un debate cada vez más agrio sobre la pertinencia de su continuidad, pero la dirigencia, al menos hasta que los nuevos dueños tomen el mando lo sigue teniendo muy claro.
Si la Copa del Rey (torneo que no se gana desde 2013) no lo remedia, y salvo sorpresas de aspecto muy improbable en Liga y Champions, el Atlético puede concluir la temporada como el quinto ejercicio sin títulos en sus vitrinas. Tampoco es que los mismos hayan estado ni si quiera cerca en ese lustro. Desde la Liga de 2021, a mitad de temporada se ha abandonado toda posibilidad de lucha por la misma, y desde 2018 no se viven una semifinales europeas. En la Copa no se ha jugado una final desde el último titulo reseñado. Malo es no ganar, pero peor síntoma en ni si quiera competir. Y desde luego no parecen credenciales muy adecuadas para quien dirige a una escuadra con reales ambiciones.

La cuestión principal y objeto de intensos análisis es si Simeone ha contado con medios para poder hacer más de lo que últimamente está haciendo. Y ahí puede encontrarse con la coartada a esos resultados discretos. Pero al mismo tiempo conviene recordar que su salario debería de tener una finalidad que cumplió de forma espectacular en sus primeros tiempos al frente del banquillo rojiblanco: sacar la mejor versión posible de esos mimbres que unos consideran escasos y otros defienden que son más que suficientes para mostrar una mejor versión. Conviene recordar que la inversión de los últimos dos años ha sido destacada y que se supone que el Atlético debe tener como punto de referencia a Real Madrid y Barcelona. Del primero esta todo dicho y e lsegundo despidió a Xavi Hernández cuando aseguró que las cotas más altas estaban lejos de la realidad del equipo; su sustituto fue un tal Hansi Flick, con los resultados por todos conocidos.¿Soportarían Madrid y Barça varias temporadas seguidas de irrelevancia en cuanto a resultados?. La respuesta parece obvia
Por lo tanto, Real Madrid y Atlético muestran una vez más un claro contraste. En el primero la exigencia de resultados raya la extravagancia y parece situarse por encima de toda lógica, en el segundo por el contrario la falta de ambición y el conformismo institucional, se traslada con más frecuencia de lo deseada al terreno de juego

