
Hace un par de semanas salí de ver en el cine la última película del director norteamericano Jim Jarmusch “Father, Mother, Sister, Brother”, resultó ser un agradable descubrimiento. Esto derivó en una curiosidad por saber más sobre él, sobre su vida y su arte, como fue su inicio en la industria y toda su filmografía, añadiendo más a la interminable lista de películas por ver. De entre todo esto me topé con una declaración que dice: “Nada es original. Roba de donde sea que encuentres inspiración o alimente tu imaginación. Devora viejas películas, nuevas películas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, afiches callejeros, árboles, nubes, agua, luz y sombras. Roba solamente aquellas cosas que le hablen directo a tu corazón. Si haces esto, tu trabajo (y tu robo) será auténtico…(me detengo en esta parte).
Tales palabras pueden traer consigo todo tipo de reacciones, yendo del desacuerdo a la concurrencia de opinión, del desagrado a la simpatía, de la indiferencia a la curiosidad, de la crítica al elogio, de la hipocresía a la sinceridad. Alguno pudiera tomarlo como conformismo, yo preferiría decir consuelo. Pienso que esta manera de ver la realidad puede resultar liberador, bajar el nivel de tensión, presión, estrés y ansiedad a la vida. Motiva un poco más a querer intentarlo, aun si no se cuenta con lo que algunos llaman don, talento, suerte, ingenio, circunstancias, destino, virtuosismo o grandeza, aunque viendo las cosas ahora bajo esta perspectiva todo, inclusive la mayor chispa de genialidad jamás antes vista, termina viniendo de algún sitio, así como la vida misma. Original o no la vida, eso puede quedar en debate.
Para efectuar el robo perfecto es necesario que la inspiración se haga presente pero, ¿Por qué siendo adulto resulta tan difícil poder encontrarla, y más aún, mantenerla viva?
La inspiración motiva. Supone trabajo, esfuerzo, constancia y sacrificio. La inspiración le da forma, sentido y dirección al deseo. Produce una sensación única de la cual nada ni nadie puede escapar. El deseo es tan grande que inspira a Sísifo a seguir empujando su piedra cuesta arriba, a que lo intentemos una y otra vez a lo largo de nuestra vida con distintas personas en distintas relaciones, a que finalmente el nuevo Messi aparezca y finalmente cubra el hueco que de apoco va dejando el astro argentino, a que Inglaterra se presente cada cuatro años con la intención de llevar de regreso la copa a casa o que Italia por fin pueda clasificarse a una Copa del Mundo.
La imaginación puede venir de personas y momentos. En México, para quienes crecieron en los años noventa y principios de este siglo recuerdan haber podido ver en vivo, en algún resumen de algún telediario, en reportajes, en cápsulas, dentro de algún documental o cualquier otro tipo de pieza audiovisual, en diarios y revistas lo que se conoce como la “cuauhtemiña”. Un movimiento, jugada, drible, recurso o genialidad del todo auténtico. Pieza imaginativa de Cuauhtémoc Blanco que le permitió irse de dos rivales surcoreanos durante un enfrentamiento de fase de grupos del torneo mundialista celebrado en Francia en 1998. Definitivamente, algo fuera de lo común. Quiero pensar que el Cuau robó de algún sitio dicha maniobra. No digo esto como una crítica, sino para validar la frase de un inicio, roba aquello que logre inspirarte, aquello que hable directo a tu corazón y que vuelva aquello que haces auténtico.

Hoy en día en el equipo mexicano no hay figura alguna que inspire y motive como aquel Cuauhtémoc. Resulta preocupante si hablamos de la calidad y el nivel de la actual plantilla de seleccionados, pero también un tanto desolador para todos aquellos niños, niñas que vivirán su primer mundial, y más aún, siendo en casa. La generación de la cuauhtemiña vivió replicando el movimiento en el patio del colegio, en los partidos callejeros y en las ligas de fin de semana. No me animo a decir que haya alguien que tome la figura de póster o genere locura por llevar su apellido y dorsal en la espalda. La creatividad e inspiración se ha tenido que buscar afuera. Entre fintas y dribles. Un intento tras otro, el ingenio volverá a hacerse presente. Ser paciente y con los reflejos necesarios para tomarlo en el momento y sitio adecuado. Robárselo a la persona adecuada y convertirlo en lo que uno considere y es lo mejor, lo correcto. Dentro de las infinitas posibilidades que existen en esta vida, quizá y sea un “nuevo” gesto con la pelota que marque a toda una nueva generación.
Volviendo a Jim Jarmusch, cierra diciendo: “… la autenticidad es invaluable; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo. ¡Celébralo si te gusta! En todo caso, siempre recuerda lo que Jean-Luc Godard decía: No es de donde tomamos las cosas. Lo que importa es hacia donde las llevamos”.
Poder inspiración en las palabras de un director de cine o en una cuauhtemiña. Robarlo y alimentar con ello la imaginación. Que hable directo con el corazón. Que conduzca hacia lo auténtico.

