
Hay partidos de fútbol que trascienden lo meramente deportivo. En Vigo, en plena Transición Política se jugo uno de esos encuentros. Su historia no es muy conocida. Razón por la cual aprovechamos la ocasión para recordar otro momento donde fútbol, democracia y libertad se dieron la mano.
La transición española hacia la democracia no fue un camino fácil. El fútbol ayudó en este proceso que cambió profundamente la forma de convivir entre los españoles.
El 5 de diciembre de 1976 una foto cambió muchas cosas en España y en Euskadi. Franco llevaba muerto apenas un año. Iribar y Kortabarria, capitanes de Athletic y Real Sociedad, levantaron al cielo de Atotxa una “Ikurriña”. La enseña vasca todavía seguía perseguida. Semanas después, por fin, fue legalizada. Nadie duda que esa foto ayudó. Para muchos, de hecho, fue fundamental. Aquel derbi vasco de 1976 quedó grabado en el imaginario colectivo de nuestro país.
Lo que mucha gente en España desconoce es que Galicia también enarboló su bandera en un estadio de futbol como forma de reivindicación política y cultural. Sucedió el 4 de diciembre de 1977 en Balaídos y no es algo que sorprenda, porque el fútbol es parte de la cultura gallega y está plenamente integrado en su sociedad.

Futbolísticamente Galicia tienen dos estandartes que sobresalen por encima de los demás, Deportivo de La Coruña y Celta de Vigo. Dos equipos que son más que un simple club. En realidad, hablamos de dos instituciones que representan a las ciudades más importantes de esa tierra y que sin duda son referentes de toda la región. El derbi que los enfrentan es conocido como «O Noso Derbi» y supone el acto de reivindicación más importante que tiene el deporte gallego.
Aquel 4 de diciembre de 1977 una masiva manifestación recorrió las calles de Vigo. El enormes peregrinar de gente tardó hora y media en llegar a la gran explanada que estaba frente al Náutico. En aquel lugar se guardó un minuto de silencio por todos los fallecidos en la lucha por la libertad. Después se cantó el “Venceremos nos” y más tarde se leyó un comunicado reivindicativo, donde se reclamaba el derecho del pueblo gallego a tener sus propias instituciones.

Ese domingo en Vigo había partido de liga. El Celta se enfrentaba al Granda en Balaídos. El fervor galleguista de aquella jornada acabó proyectándose también en el fútbol. Los jugadores celtistas salieron al terreno de juego portando una enorme bandera gallega.
El principal responsable de aquel acto fue Manolo Soto. Un hombre que años después se convertiría en el primer alcalde de Vigo de la nueva democracia. En su fábrica de pantalones se confeccionó la gigantesca enseña que decoró el césped del estadio celtiña.
Por la megafonía de Balaídos, antes del pitido inicial atronó “Os pinos”. Para muchos de los asistentes esa fue la primera vez que escucharon los acordes del himno de su tierra, la nación de Breogán. Galicia estaba despertando y su fútbol era un altavoz más.

Posiblemente Galicia no hubiera recuperado tan rápido la autonomía sin aquella jornada histórica en Vigo. Balaídos también fue el reflejo de los deseos de un pueblo por recuperar su identidad.
Aquel día los futbolistas del Celta no solo representaban a su ciudad, esta vez en sus manos alzaban el símbolo de una tierra que daba pasos hacia la libertad. Ese día el resultado del marcador era lo de menos, pero el Celta no defraudo, impulsado por un fervor galleguista en la grada venció al Granda por dos goles a cero.
Galicia finalmente recuperó su autonomía y su fútbol jamás perdió su identidad.

