El reciente derby madrileño dejó una amplia polémica sobre decisiones arbitrales que supuestamente perjudicaron al Real Madrid. La historia, sin embargo, muestra numerosas ejemplos en los que las quejas llegaron del otro bando. En enero de 1982 se produjo uno de los más famosos.

 Las cosas no rodaban demasiado bien para los dos rivales madrileños en aquel enero del año que iba a concluir en el Mundial disputado en España. El Real Madrid había sufrido meses atrás dos contrariedades notables: perder en el último suspiro la Liga a manos de la Real Sociedad y muy especialmente una dolorosa derrota en la final de la Copa de Europa ante el Liverpool en París. Era un Madrid de entreguerras, que estaba gestando la Quinta del Buitre, y que en su plantilla tenía un buen número de jugadores con el apellido García. Entrenado por el yugoslavo Vujadin Boskov, su trayectoria en la Liga era algo irregular y parecía ir a remolque de Barça y Real Sociedad. Meses después sufriría una de sus mayores humillaciones continentales, un 5-0 en campo del Kaiserlautern, en eliminatoria de U.E.F.A. Además había vivido una marejada interna con un enfrentamiento dialéctico entre el técnico balcánico y el cancerbero Miguel Ángel que acabó con el segundo apartado del equipo. El joven Agustín se había consolidado como portero titular.

Más enredado si cabe estaba el asunto en el Atlético. Con la sensación de haber sido atracados en la Liga anterior con el recordado arbitraje de Álvarez Marguenda contra el Zaragoza en abril del 81, y perder el campeonato tras ir la casi totalidad del mismo como líder destacado, por una conspiración en su contra. Su presidente Alfonso Cabeza, un personaje dicharachero, incontrolable y controvertido había sido inhabilitado por la Federación y seguía con su cruzada particular contra esta última y el estamento arbitral. Además en plena pretemporada un incidente entre la estrella brasileña Dirceu y el entrenador García Traid, trajo consigo una sanción para el primero y el despido del segundo. Sustituido por Luis Cid Carriega, el comienzo de Liga fue desastroso ocupando puestos de descenso hasta el punto que se despidió al técnico y se recuperó a García Traid. El fichaje del verano, el mexicano Hugo Sánchez, no convencía en sus inicios y se quiso devolverlo a su equipo de procedencia. Además, había trascendido una importante deuda de la entidad que ponía en peligro su propia supervivencia; se decía que los jugadores no cobraban desde hace meses.

El Atletico de esos años miraba con recelo la labor de los árbitros tras lo sucedido en la Liga 80-81 y el recordado arbitraje de Alvarez Margüenda contra el Zaragoza. Su presidente, Alfonso Cabeza, era un showman que no paraba de lanzar proclamas contra la supuesta parcialidad de los colegiados. El derby madrileño era el escenario ideal para que los viejos fantasmas de la conspiración aparecieran de nuevo.

El derby se disputó el 10 de enero de 1982. El árbitro designado es Urizar Azpitarte, del colegio vizcaíno, muy en boga en esa época para los partidos importantes y con cierta fama de anti casero. El Atlético sale con Aguinaga, Juanjo, Arteche, Balbino, Clemente, Ruiz, Quique Ramos, Julio Alberto, Marcos, Hugo Sánchez y Rubio. El Madrid por su parte alineó a Agustín, San José, Camacho, García Navajas, García Cortés, Gallego, Del Bosque, Stilike, Juanito, Santillana y Pineda. Hay en el ambiente una sensación de desconfianza hacía la labor de los árbitros después de lo ocurrido en la temporada pasada y los incidentes continuos de Cabeza con el gremio arbitral. El Madrid busca no alejarse mucho de la cabeza de la Liga y el Atlético acercarse a puestos europeos. Hay un tanteo inicial y en el minuto 21 una falta al borde del área del Madrid sorprende a la zaga blanca y Rubio hace el 1-0. Replegado atrás, el Atlético encuentra acomodo en el contragolpe y en una rápida transición un gran cabezazo de Marcos pone el segundo tanto de distancia. Todo parece remar a favor colchonera; el dominio territorial es del Madrid pero las ocasiones y los goles son locales. Pero al borde del descanso Juanito intenta controlar un balón en la parte derecha del área rojiblanca. El defensa Juanjo le cubre muy encima y Urizar señala falta en contra del Atlético. No ha parecido un contacto suficiente para señalizar la infracción. Saca el Madrid y Gallego acorta distancias. Primeros murmullos de desaprobación en la grada, que anda con la mosca detrás de la oreja.

En la segunda parte se acentúa el dominio del Real en busca del empate, pero el Atlético se defiende bien, aunque ya no saca las peligrosas contras del primer tiempo. Se empieza a endurecer el juego pero dentro de un orden. Pasan los minutos y parece que todo va seguir igual. Pero en el minuto 83 todo estalla. En un ataque blanco cerca del área el defensa Ruiz despeja un tiro sobre portería de Aguinaga. Urizar señala el punto de penalti; bajo su criterio (que poca gente sigue) ha despejado con la mano. El fantasma de Marguenda se apodera definitivamente del Calderón que ve indignado como Stilike empata el partido. Cuando todo el Atlético sigue protestando la acción de la pena máxima llega la puntilla. En un forcejeo entre Clemente y Pineda el árbitro vuelve a señalar una falta más que dudosa del defensor rojiblanco. En medio de la confusión el saque de la falta sirve al propio Pineda para hacer el 2-3. Ya no hay duda: el árbitro venía con la consigna, una vez más. Los tres goles blancos parten de infracciones más que dudosas.

Lo que queda de partido es un caos total. Arteche es expulsado por una segunda amarilla y se va entre gestos de indignación. Marcos pierde los nervios y lanza el balón contra el banquillo del Madrid, otra roja. Caen almohadillas y la gente se revuelve contra el palco donde insulta al presidente del Madrid, Luis de Carlos. Finaliza el partido con Urizar siendo escoltado por la policía. En el vestuario las declaraciones incendiarias continúan. Cabeza y García Traid hablan de “robo y vergüenza”. El mandatario llega a decir “Vamos a comer y exportar futbolísticamente mierda. Si dijera lo que pienso iría directamente a Carabanchel” y el técnico “Esto es un robo, la vergüenza futbolística nacional. El colmo del arbitraje. Es la segunda vez que nos toman el pelo. A mis jugadores les mostró tarjetas a la primera y a los del Madrid les avisaba” y remataba con asegurar «que le entregaría la prima a Urizar«. Una semana más tarde trasciende a la prensa una reunión previa de delegado del Madrid, Fernández Trigo, y el gerente, Antonio Calderón, con el árbitro. Por su parte, el controvertido colegiado se ratificaba en todas sus decisiones.

En “El Pais” la crónica de Julian García Candau titulaba “El arbitro definió el derby madrileño”, en la misma señalaba “El Real Madrid no es quien incita a los árbitros, pero el domingo de rechazo, se hizo con dos puntos que no mereció. Urizar fue inclinándose hacia el Madrid a medida que avanzó el tiempo. No lo pudo remediar. El penalti a mi modo de ver no existió”. Por su parte un destacado colchonero de la época, el escritor Juan García Hortelano hizo, en el mismo diario, una columna irónica llamada “El nuevo fútbol”, en que señalaba “Nadie podrá afirmar que el número doce del Real Madrid tocase una sola vez el balón. ¡Maravilloso partido el de este nuevo fichaje¡. No señaló una sola falta peligrosa contra su equipo, propició un primer gol señalando una falta inexistente al borde el área, inventó una nueva normativa del penalti que , en el futuro, obligará a la defensa a estarse rígida, sacó unas ocho tarjetas a los jugadores contrarios y expulsó a dos, permitió intervenir al entrenador blanco (y van trece) y en todo momento alentó la prepotencia y arrogancia de su equipo hasta correr la moral de los rivales, hasta desesperar a la afición y hasta enfadar a las piedras”.

El derby no tuvo consecuencias notables más allá del escándalo y ser un nuevo episodio de las quejas rojiblancas ante el eterno rival. El Madrid no pasó del tercer puesto en la Liga aunque salvaría la temporada con el título de Copa del Rey y el Atlético no se clasificó para Europa aunque alejó el fantasma del descenso que le asoló al comienzo del año. Boskov no acabaría la temporada y Cabeza abandonó el barco tras su convulso mandato de apenas dos temporadas. Le sustituyó una Junta Gestora y más tarde Vicente Calderón. Ese verano Marcos y Julio Alberto ficharon por el Barça y la situación económica del Atlético se alivió algo con el dinero de esos traspasos.Por su parte Urizar siguió siendo un colegiado destacado de la década con presencia frecuente en partidos de empaque; ya en la recta final de su carrera fue protagonista de un famoso incidente en un Barça-Madrid al recibir un pisotón del búlgaro Stoichkov. Fue una de las jornadas más escandalosas del ya desaparecido estadio del Manzanares.

 

 

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