Durante décadas, la información deportiva en España había girado en torno a una figura única del periodismo español: José María García. Tras una trayectoria en todo lo alto de la popularidad y con un poder insólito para un comunicador su despedida fue silenciosa y súbita

 El 7 de abril de 2002, el programa “Supergarcía” en Onda Cero se emitió de forma ordinaria. Por el mismo pasaron Rafael Benítez y Santiago Cañizares, entrenador y jugador del Valencia, entonces en plena lucha por el título de Liga, también Alex Corretja tenista en boga de aquellos años y hubo una conexión con el Campeonato del mundo de motos en Japón. A la una de la madrugada el locutor exponía su tópica frase de despedida “Señoras y señores, gracias por la atención prestada”. Nadie podía pensar que se trataba de la despedida del periodista deportivo más destacado de la historia y posiblemente del locutor más temido, seguido e imitado de todo el panorama comunicativo español de todos los tiempos.

Casi dos años antes su nombre había estado, una vez más de plena actualidad. Tras casi una década en la Cadena COPE, se había embarcado en un proyecto ambicioso del panorama mediático español. El impulsado por Telefónica que incluía Antena 3 Televisión, la cadena Onda Cero y la plataforma Vía Digital. No era una operación cualquiera; tras ella se encontraba la mano del Gobierno entonces presidido por José María Aznar, que a través de la compañía telefónica, recién privatizada, pretendía constituir un grupo mediático que le plantara cara al Grupo PRISA, vinculado al PSOE, comandado por Jesús de Polanco y con el diario EL PAIS y la Cadena SER como buques insignia. En la aventura no sólo estaba García, le acompañaban nada menos que nombres ilustres de la radio como Luis del Olmo, Carlos Herrera o Concha García Campoy. Lo que se denominó “el Dream Team de la radio”.

García tenía cuentas pendientes con PRISA, al que denominaba despectivamente «el imperio del monopolio». El grupo mediático había asaltado Antena 3 radio, la gran obra de su vida en 1992, y le había obligado a refugiarse en la COPE. Años más tarde, en marzo de 1995, tuvo que ver como su indiscutible liderazgo de décadas cedía ante el empuje de programa estrella de la SER, “El larguero”, cuyo comandante en jefe, José Ramón de la Morena, no dudaba en fustigarle una noche sí y otra también. Su imperio en términos de influencia y poder había sufrido reveses importantes, aunque seguía siendo un nombre influyente. Buena muestra de ello fue que su contrato con el nuevo grupo de comunicación fue, en términos económicos, fabuloso: cerca de dos mil millones de pesetas por dos años , unos dieciséis millones y medio de euros.

En el verano del año 2000 Jose María García se embarcaba en un proyecto periodístico de largo alcance. El intento de Telefónica por crear un grupo mediático capaz de competir con PRISA en el sector de la comunicación. Auspiciado por el Gobierno popular y con un plantel de lujo (García, Luis del Olmo, Carlos Herrera), el locutor pensaba que iba a tener plenos poderes en el ambicioso conglomerado. Pronto se dio cuenta que no sería así

El locutor no fue fichado en calidad de mero director de los deportes. Se suponía que iba a ser uno de los lideres gerenciales del nuevo conglomerado, que sus opiniones iban a ser tenidas en cuenta para las decisiones estratégicas del mismo en materia de comunicación. Pero pronto chocó con una realidad que no esperaba. Venía de entornos (Antena 3 y COPE) en la que su palabra era casi ley y no tenía oposición en sus prorrogativas y deseos. Pero lo que se encontró con una estructura muy burocratizada en función de la dimensión de la empresa y en la que no podía imponer sus criterios de la forma que tenía por costumbre.

Las fricciones empezaron pronto. Al poco de comenzar, en la edición de la Vuelta a España vio como el informativo de Antena 3 no hacía una conexión en directo con el Ayuntamiento de Béjar en Salamanca, en el que se homenajeaba al corredor Roberto Heras, qué él había programado con gran esmero. En esa misma edición protagonizó un sonado encontronazo con la otra mega estrella del proyecto, Luis del Olmo, al invadir el programa de este último con las informaciones de la ronda española; el enfado de Del Olmo llegó al punto de amenazar con dimitir en pleno directo si la situación se repetía. Para García sus noticias eran sagradas y se debía de imponer a cualquier programa por más que la franja horaria no le correspondiera.

Pero además la cosa se complicó definitivamente cuando los índices de audiencia de las “estrellas de la radio” no fueron los esperados desde el inicio. Si bien Del Olmo en la mañana y Carlos Herrera en la tarde mantenía el tipo, el programa de deportes de García en la noche cayó en picado en relación con sus números en la COPE, y se situó a gran distancia de “El larguero”. Apenas medio millón de oyentes frente al casi millón y medio del programa de la SER. García se defendió alegando manipulación en el EMG y que no era factible que un locutor no arrastrase su audiencia a una nueva emisora. Pero era innegable que su marca iba a la baja y Telefónica era consciente de ello; su contrato estaba fuera de mercado y los números del nuevo y ambicioso proyecto eran deficitarios. Pronto llegaron nuevos ejecutivos con intención de recortar gastos y entre sus objetivos se encontraron los jugosos contratos de las estrellas radiofónicas que se resistieron a ver rebajados su emolumentos.

El enfrentamiento de García con Florentino Pérez minó aún más la posición del periodista. Insistió con su vehemencia habitual de la irregularidad de la operación urbanística de la Ciudad Deportiva y situó al mandatario blanco en el centro de sus críticas. Sus decrecientes indices de audiencia no ayudaban a mantener una posición de fuerza frente a poderosos enemigos

A esta situación complicada se le unió un nuevo frente que acabó de minar la posición del locutor: su enfrentamiento con el nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. En el verano de 2000 el constructor vio cumplido su sueño de ser presidente del equipo merengue sobre todo en función del impacto de una noticia de amplio alcance; el fichaje de Luis Figo por el Real Madrid. García no perdonó que él no tuviera la exclusiva del mismo y ésta fuera dada por De la Morena. Era una nueva manifestación que su poder ya no era omnímodo y una nueva derrota ante la SER, algo que le llevaba los demonios. Desde su inicio de Onda Cero fue muy crítico con la gestión del mandatario blanco y la cosa llegó a su punto culminante con la controvertida recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva que supuso la salvación económica de la entidad blanca. El locutor insistió que se trataba de una escándalo de dimensiones enormes y que suponía un pelotazo inmobiliario en toda regla.Hubo intentos de mediación entre ambos que no fructificaron y la posición del periodista se volvió más delicada. Ya había protagonizado enfrentamientos sonados con figuras destacadas como en su día con Pedro Delgado, pero su fuerza e influencia no eran comparables a esas épocas pasadas. Con el tiempo llegó a denunciar que Pérez intentó comprar su silencio en una comida en Zalacaín. En todo caso, situarse en conflicto con una de las dos instituciones deportivas más importantes del país no le favorecía.

Sus meses finales ahondaron aún más su situación precaria en la empresa. Enfrentado con buena parte del equipo directivo al que reprochaba incumplir las promesas realizadas en la hora de su fichaje, además empieza a comprobar cómo la idea inicial de la guerra contra PRISA se desvanece. De hecho, comienzan las negociaciones de VIA DIGITAL, la plataforma auspiciada por Telefónica para competir en el mercado de la televisión por cable, los derechos deportivos y los contenidos audiovisuales, con Canal Satélite Digital, su homónima de PRISA. Se ha comprobado que la lucha por suscriptores perjudica a ambos proyectos que sí resultan rentables en caso de fusión.  La ambición de un grupo mediático de centro-derecha capaz de dar la batalla en influencia social cede ante la realidad innegable de los números que han motivado que el nuevo presidente de Telefónica, César Alierta, busque el acuerdo con el grupo de Polanco, entente que que llega en el mismo 2002. García se encuentra cada vez más aislado; con audiencias que no justifican su salario y un contrato  que acaba en unos meses y que el nuevo equipo directivo no tiene intención de renovar si no es a la baja. Según algunas crónicas intenta incluso el apoyo de José María Aznar, presidente del Gobierno, pero éste de la largas. En adelante será muy crítico con la figura de dirigente popular. En cualquier caso su soledad era evidente y los nuevos tiempos del siglo XXI no parecían en consonancia con su figura.

El día 8 de abril, García hace llegar un comunicado a la Agencia Europa Press anunciando que se apartaba de sus cometidos y denuncia “la reiterada conducta de incumplimiento de las obligaciones y atribuciones que según contrato me están exigidas y conferidas y que me ha sido imposible desarrollar y realizar, no obstante las continuas promesas de cumplirlas”. No volvería a situarse frente a un micrófono, con apenas 59 años, algo que pudo permitirse dada la ingente fortuna que acumuló como el reportero mejor pagado, quizá de la historia. Años más tarde superaría una grave enfermedad y su voz sigue siendo reclamada en innumerables entrevistas en las que sigue mostrando su espíritu combativo y por gusto por la polémica. En frecuentes ocasiones ha manifestado su desazón ante la evolución del periodismo moderno, al que considera en decadencia y sin recursos. Sus opiniones siguen siendo un referente para varias generaciones que durmieron menos horas por escuchar su programa con un estilo único, admirado por muchos y vilipendiado por no pocos.

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