
El Rayo Vallecano es un club particular. El próximo 27 de mayo disputa una final de una competición europea. Un éxito histórico para el equipo franjirrojo. Buen momento para revindicar su esencia.
Enrique Tierno Galván definía a Madrid como la fábula de Europa, la capital del encanto y de la alegría, un gran puzle de barrios acogedora, cordial, libre, tranquila y universal. El viejo profesor entendió como nadie el crisol de historias que componen una ciudad heterogénea donde se cruzan los caminos y el mar no se puede concebir.
Para muchos, Madrid es la historia de sus gentes y la vida de sus barrios, alguno populosos y otros señoriales, pero todos con su personalidad propia y diferente.

Si hay un barrio de Madrid cuya identidad es conocida más allá de la capital, ese es, sin lugar a duda, Vallecas. En buena medida porque antes de barrio fue pueblo y villa. Por sus avenidas, centenarias y fabriles, han palpitado intensamente los corazones de sus gentes, obreros combativos, trabajadores humildes y emigrantes provenientes de lejanas latitudes. Héroes y heroínas que con su esfuerzo han luchado por hacer de su barrio, un lugar mejor.
Además de esta esencia batalladora, Vallecas, ondea con orgullo una bandera futbolera repleta de valores. Su equipo, el Rayo Vallecano, es el emblema de esta peculiar nación urbana. En la franja roja de su camiseta está representado el sacrificio diario de cada uno de los vallecanos.
Además de la esencia batalladora, Vallecas, ondea con orgullo una bandera futbolera repleta de valores. Su equipo, el Rayo Vallecano, es el emblema de esta peculiar nación urbana. En la franja roja de su camiseta está representado el sacrificio diario de cada uno de los vallecanos.
El Rayo fue fundado en los años veinte del siglo pasado en un pequeño taller industrial. Desde sus orígenes el club se forjó en una inquebrantable identidad obrera. Durante sus primeros años de vida compitió en los campos de Tercera y Segunda división. Hasta que finalmente en la temporada 1976-1977 logró un histórico ascenso a Primera División. Su espíritu combativo, le convirtió en el “Matagigantes” que ponía en apuros a los grandes equipos de nuestro fútbol.

El Rayo es una elección ética y no estética; implica una forma de percibir la vida y el fútbol impregnada de dignidad. Cada domingo, su hinchada recuerda a los privilegiados que todavía quedan espacios donde prima el esfuerzo, la lucha y la conciencia.
No fue casualidad que el Rayo fuera el primer club de Madrid en tener un equipo femenino profesional, ni que su segunda equitación luciera la bandera arco iris del colectivo LGTB. A nadie sorprendió que el 29 de septiembre de 2010 se convirtiera en el único equipo en secundar una huelga general. O que en noviembre de 2014 sus futbolistas, alejados de la frivolidad y opulencia que suele caracterizar a este colectivo, ayudaran decididamente a Carmen Martínez Ayuso. Una digna anciana vallecana que a sus 85 años iba a ser desahuciada. El apoyo de la plantilla franjirrojo fue fundamental para paralizar su desalojo.
Vallecas y su equipo nos demuestran que el fútbol es un espacio como cualquier otro para la reivindicación social y la lucha de clases.
Vallecas y su equipo nos demuestran que el fútbol es un espacio como cualquier otro para la reivindicación social y la lucha de clases. Los objetivos del Rayo nunca pasaran por ganar títulos. Realmente, no forma parte de su esencia. Ahora bien, sus victorias, que no son pocas, tienen mucha más importancia que alzar una simple Copa.

En términos deportivos el Rayo está viendo un momento muy especial. Por primera vez en su historia el equipo franjirrojo disputará una final. No olvidemos que su lucha también pasa por competir contra los mejores. El próximo 27 de mayo en Leipzig, jugará para ganar su primer título oficial, la Conference Cup, una competición europea de nueva creación. Si el trofeo acaba en las vitrinas del Estadio de Vallecas, el Rayo se convertirá en el primer equipo español en poseerlo.
Indudablemente el Rayo se dispone a jugar el partido de fútbol más importante de su historia. Si bien, este club y sus aficionados han ganado ya mil batallas fuera de los terrenos de juego. La Franja Roja, es la ilusión armada de un barrio del que emana dignidad y conciencia. Ha llegado el momento para que todos ellos disfruten con la conquista de un trofeo. Como gritan las gradas de Vallecas ¡A las armas! Esperemos que en Leipizig se escuche alto y claro ese rugido eterno de Resistencia.

