En el barrio de Gracia de Barcelona está afincado uno de los equipos más peculiares de nuestro país, el Club Esportiu Europa. Sirva este escrito como homenaje a su forma de ver y concebir el fútbol.

Recuerdo perfectamente la primera vez que fui a entrenar con mi equipo de fútbol de la infancia. Eran los años ochenta, mi madre me acompañó una tarde de otoño al Polideportivo municipal del Barrio del Pilar en Madrid. Allí me esperaba fumando un “Ducados”, Emilio, mi entrenador. Tras una fría bienvenida y una rápida presentación de compañeros entré en el vestuario. Me ajusté unas botas negras y acordoné en mi cintura el cordón de un estrecho pantalón. Era lateral derecho y en mi camiseta estaba serigrafiado el número dos.

En el Madrid que crecí, el fútbol era muy diferente al de hoy en día. Los campos eran de tierra, la ropa era sencilla y los niños jugábamos sin más. Nuestra única expectativa era pasar un buen rato compartiendo la vida con amigos y algún que otro desconocido. Ese fútbol era calle, barrio, infancia y por encima de todo, identidad.

Por desgracia el fútbol hoy es muy diferente, el negocio lo ha contaminado todo. Aquel juego con el que crecí es una reliquia del pasado. Un mero recuerdo en la memoria. Sin embargo, hay lugares, equipos y clubes que persisten en no olvidar aquel deporte con el crecimos. En Barcelona, en el barrio de Gracia, resiste con orgullo y repleto de valores, el Club Esportiu Europa.

Este equipo barcelonés es hoy un abanderado del fútbol popular. Si bien su presencia en el mundo del balompié tiene un largo recorrido. Se trata de una entidad centenaria que nunca ha olvidado sus orígenes y raíces. Fue creado en 1907 y a los pocos años de su fundación ya había conseguido cierta relevancia. De hecho, en 1923 disputó la final de Copa. Su rival fue el Athletic Club y para desgracia del equipo catalán, el empuje vizcaíno les privó de la victoria.

Hay lugares, equipos y clubes que persisten en no olvidar aquel deporte con el crecimos. En Barcelona, en el barrio de Gracia, resiste con orgullo y repleto de valores, el Club Esportiu Europa.

Años más tarde se convirtió en uno de los diez equipos que disputaron el primer campeonato de Primera División. Un hecho que le dio para siempre la condición de fundador de la Liga. Durante tres temporadas se mantuvo en la elite, sin embargo, en 1931 descendió y nunca más volvió. Si bien y hasta nuestros días, es el único club de la capital catalana, aparte de Barça y Espanyol, que ha competido en la máxima categoría de nuestro fútbol.

En los años sesenta el club del barrio de Gracia volvió a jugar en Segunda División. Durante cinco temporadas convivió de nuevo con el foco mediático de las categorías altas de la competición. Sin embargo, todo aquello fue un espejismo, en realidad el Europa ha escrito la mayor parte de su historia en los sótanos y catumbas de nuestro fútbol.

Sus aficionados, conocidos popularmente como escapulados, recuerdan con nostalgia aquellos maravillosos años de primera y segunda, del mismo modo que tienen claro que sus victorias van más allá de goles y jerarquías. Posiblemente, el mayor título de este club sea el sentimiento de su afición. Una hinchada llena de pasión que revindica cada fin de semana el vínculo con su barrio. Son gente de fútbol que no conciben su equipo como un frio negocio mercantil. En todos ellos hay identidad y orgullo.

Posiblemente, el mayor título de este club sea el sentimiento de su afición. Una hinchada llena de pasión que revindica cada fin de semana el vínculo con su barrio. Son gente de fútbol que no conciben su equipo como un frio negocio mercantil. En todos ellos hay identidad y orgullo

El club apostó en 2001 por la creación de una sección femenina. En aquel momento una decisión como esa evidenciaba mucho compromiso social. Eran escasos los clubes que apostaban por el fútbol femenino. Veinticinco años después las futbolistas del Europa están a un paso de subir a la máxima categoría. La apuesta inicial y la perseverancia reflejan la visión integradora que tiene el equipo del Barrio de Gracia.

En 2021, una campaña promovida por los propios aficionados del club consiguió modificar los estatutos de la entidad para definir a la institución como antifascista, antimachista, antirracista, antihomófobo y antibullying. Una descripción tajante y rotunda que posiciona al CE Europa entre los equipos de fútbol con mayor implicación social del viejo continente.

De hecho, durante los años ochenta, el equipo de los escapulados se convirtió en un referente del movimiento okupa de nuestro país. El alma reivindicativa de la afición siempre ha acompañado al equipo. El Nou Sardenya, estadio donde el Europa juega como local, ha sido la plataforma para reivindicaciones de movimientos LGTBI y feministas. En sus gradas es habitual ver banderas palestinas, retratos del Che Guevara y senyeras independentistas.

En un fútbol como el actual, equipos de barrio, con su propia identidad son sin duda una enmienda a la totalidad. El CE Europa representa uno de los últimos reductos del fútbol con el que crecí. Un motivo de peso para estarle siempre agradecido. ¡Visça Europa! y…Odio eterno al fútbol moderno.

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