
El culebrón de Julián Álvarez concluyó con la permanencia no deseada por parte del jugador. Tres décadas atrás la misma situación se dio con un icono del Atlético de los 90: Caminero
En junio de 1996 la selección española estaba concentrada en Inglaterra para disputar la Eurocopa en ese país. En medio de la tranquilidad y el cierto hastío informativo que suele acompañar a esas fechas previas a un gran campeonato una noticia conmocionó a la España futbolística: José Luis Pérez Caminero emblema del Atlético de Madrid, recientemente proclamado campeón de Liga, anunciaba que quería ser traspasado.
La noticia dejó atónito a todo el mundo. Caminero había vivido temporadas terribles con los colchoneros más cerca del descenso que de los títulos y nunca había manifestado intención de dejar la nave rojiblanca, pese a no pocos rumores que le situaban fuera del club y justamente después de un año inolvidable que había concluido con un histórico doblete, quería irse. Además, el jugador en ningún momento aclaró los motivos de su intento de huida.

La rumorología estalló, como era de suponer. Unas noticias referían a posibles desencuentros con el técnico Radomir Antic, otras de promesas de subida de salario incumplidas por los Gil. Incluso llegó a cobrar fuerza una noticia de salsa rosa relacionada con un posible affaire con la esposa de su compañero de equipo, el argentino Diego Pablo Simeone. Como ocurriría tantos años después con Julián Álvarez la postura del Atlético fue clara u contundente desde el inicio: si alguien quería hacerse con el jugador no tenía otra forma que pagar la cláusula de rescisión, situada en 1.500 millones de pesetas de la época, cantidad muy estimable.
Caminero fue un jugador de gran calidad técnica que siempre tuvo el reproche de no darlo todo en el campo. Después de tocar la gloria con el Atlético en el doblete de 1996 conmocionó al fútbol español anunciado que se quería ir del Atlético en ese mismo verano, sin aclarar los motivos de tal decisión
Se habló mucho del Barcelona como principal interesado, e incluso de equipos italianos. Pero no se concretó ninguna oferta firme. La afición rojiblanca se sintió traicionada. No era solo un gran jugador, se trataba del emblema del equipo, un jugador nacional que había llevado el estandarte del club en los últimos tres años tanto en los momentos más bajos como en lo álgidos. Y cuando jugaba con la selección de la que era uno de sus puntales, el orgullo crecía.
Se disputó la Eurocopa de Inglaterra y el papel de Caminero fue más bien discreto. Todo el ruido generado en torno a él pareció perjudicarle. Una vez concluida la misma y en medio de unos rumores que incluso afectaban a su vida familiar se selló la tregua con Gil y se confirmó la permanencia en el Atlético. Pero la sensación que quedó es que algo se había roto. Y la permanencia posterior del centrocampista pareció confirmar que nada fue como antes.
José Luis Pérez Caminero nació en Madrid en 1967. Entro desde muy joven en las categorías inferiores del Real Madrid y desde allí subió al Castilla, denominación de entonces del filial blanco. Destacó en este último, pero en una época, finales de los años 80, en el que el ascenso al primer equipo estaba muy caro debido a ser los años de esplendor de la Quinta del Buitre. Visto que hacerse un hueco en la plantilla blanca era harto complicado fichó en 1990 por el Valladolid. En tierras castellanas mostró su clase desde el inicio y una de sus virtudes más acusadas; su gran polivalencia en ocupar casi todos los puestos que se le asignaban. De hecho, en sus inicios había sido defensa, pero dada su gran calidad técnica fue progresivamente subido a zonas más creativas del medio campo en donde podía operar como medio centro creativo o como enganche con la delantera, dada además su gran facilidad para incorporarse al ataque y ver la portería contraria.

Esta evolución hizo que el Real Madrid se plantease recuperarle y a punto estuvo en el verano de 1993. Pero a última hora el presidente, Ramón Mendoza, deshizo la operación. El que lo fichó fue el Atlético en donde pronto se erigió como uno de sus jugadores más destacados, pese a que sus primeros años estuvieron marcados por dos lunares: su propensión a las lesiones y el desastroso rumbo del equipo, que devoraba entrenadores y estaba cerca del descenso. Caminero era de los pocas cosas a qué agarrarse en esos años oscuros
Su consagración definitiva fue en el Mundial de Estados Unidos de 1994, en el que hizo tres goles y completó la mejor actuación jamás hecha hasta la fecha por un jugador español en un campeonato del Mundo. La llegada al banquillo rojiblanco de Radomir Antic en 1995 le dio su otro gran momento de gloria. Fue uno de los lideres de un equipo que bordó el fútbol buena parte de la temporada y se hizo con un histórico doblete. Formó con Simeone, Vizcaíno y Pantic un centro del campo que se erigió en la principal fuerza del equipo a lo largo de toda la temporada, tanto por el juego que era capaz de crear como por la aportación ofensiva de todos sus integrantes. Para el recuerdo eterno quedó su jugada en el Camp Nou en el partido decisivo por la Liga; pegado a una banda bajo el marcaje agobiante del barcelonista Nadal realizó un quiebro sutil e inesperado que dejó al defensa culé sentado y le permitió una asistencia de gol magistral. El mismísimo Pedro Almodóvar evocó esa jugada en una escena de la película “Carne Tremula” unos años después.
Su regate Nadal en el partido decisivo por la Liga de 1996 ha quedado como una de las imágenes icónicas del futbol de los 90. También su actuación en el Mundial de 1994, la mejor que hasta la fecha había tenido un jugador español en un campeonato del Mundo. Hay que defiende que, en forma, era el mejor jugador nacional de su tiempo
Después de todos los festejos por los títulos conseguidos llegó el jarro de agua fría por su intento de huida. Ya nada fue como antes. Se quedó en el Atlético durante dos temporadas más pero su rendimiento no fue nunca como el manifestado antes de aquellos acontecimientos. Aun con muestras de su enorme calidad, manifestada sobre todo en goles, su aportación fue menguando progresivamente y la afición no le perdonaba la apatía que parecía mostrar en bastantes encuentros. Siempre fue un jugador acusado de no dejarlo todo en el terreno de juego. A ello hubo que unir sus frecuentes lesiones, que le impedían tener la continuidad necesaria. Se desataron incluso rumores que el club sospechaba de la veracidad de sus dolencias como excusa para no poder jugar. El técnico Radomir Antic le alababa continuamente como estrategia para intentar recuperarle, pero los resultados no fueron los esperados. En 1998 llegó como entrenador Arrigo Sacchi, con intención de implantar un estilo de juego a la italiana que no cuadraba con sus características, y ya entonces había desparecido de las convocatorias de la selección.
Volvió a Valladolid, el lugar en que seguramente más había disfrutado y fue recibido como una héroe en la cuidad pucelana, en donde daban saltos de poder volver a contar con un jugador de tanto prestigio y calidad. En Zorrilla encontró el entorno ideal para concluir su carrera a buen nivel, alejado de la presión que conlleva el jugar en un equipo puntero. El propio jugador manifestaba en una entrevista en 2021 su punto de vista en sus años sobre el terreno de juego: «Nunca me tomé el fútbol como una profesión. El día a día me daba igual»,

Con posterioridad a su retirada se vería envuelto en una oscura operación de blanqueo de capitales que le valió una condena penal, que no traería consigo el ingreso en prisión pero si el pago de una multa. Pese a todo seguía siendo un emblema en el Atlético y en mayo 2011 fue contratado como director deportivo. Curiosamente unos meses más tarde, se reencontró con su viejo compañero de equipo al que le unió ese rumor fantasioso y mal intencionado de tantos años atrás: Diego Pablo Simeone, que fue contratado como entrenador tras el cese de Gregorio Manzano. Dejó el club en 2013 sustituido por Andrea Berta y su última aventura en los despachos la tuvo en el Málaga.

