
El campeonato del Mundo de 1994 tuvo como protagonista al seleccionador nacional más controvertido de la historia de la selección: Javier Clemente. Su selección tuvo una señas de identidad muy definidas que estuvieron a punto de algo importante. Pero como casi siempre en esos años se quedó a las puertas
El nombramiento de Clemente dio lugar a todo un debate mediático respecto a su conveniencia. Sus inicios como entrenador habían sido estruendosos por su éxito, con dos Ligas y una Copa del Rey al frente del Athletic de Bilbao, pero su estrella se había apagado en los últimos tiempos con ceses sucesivos en Español, Atlético de Madrid y el propio Bilbao en su segunda etapa. Su carácter beligerante y polemista le había granjeado adhesiones inquebrantables y enemistades acérrimas entre la prensa del momento. Era significativa su amistad con José María García y, al mismo tiempo, su enfrentamiento al límite con José Ramón de la Morena, las dos referencias del momento mediático deportivo. El país se dividió como nunca en esta cuestión.
No tuvo inicios fáciles además. El grupo de clasificación para el Mundial era complicado con Eire y Dinamarca en el mismo, y dos plazas por asignar para el billete a Estados Unidos, lugar de celebración del evento más importante del fútbol. Tras unas probaturas iniciales el seleccionador decidió apostar plenamente por sus gustos futbolísticos: un equipo rocoso, defensivo, amante de ceder la iniciativa al contrario y con gusto por el contragolpe. La consecuencia inmediata fue la postergación de la Quinta del Buitre, base de los últimos (y no muy exitosos) años y la llegada al combinado nacional de jugadores del gusto de Clemente: Nadal, Sergi, Luis Enrique, Alkorta, Hierro, Ferrer o Abelardo, aunque también se incorporaban toques de calidad con Caminero o Julen Guerrero. Zubizarreta en la portería y Julio Salinas en la delantera, dos viejos pretorianos del seleccionador seguían siendo indiscutibles. Después de algunas dudas España selló la fase de clasificación con victorias en Irlanda (1-3) y en casa ante Dinamarca (1-0), con un equipo plenamente ajustado a los gustos de Clemente.

En tierras americanas continuó, si se cabe de forma más acusada, la polémica en torno al equipo nacional y su técnico. El escritor Javier Marías, madridista confeso, señaló en una columna que si la labor de una selección era unir al país durante unas semanas el mérito de Clemente era precisamente hacer lo contrario: generar una división nunca vista previamente. La guerra mediática en boga en ese momento, encontró en esas fechas un campo de actuación idóneo para su desarrollo; los micrófonos de la COPE (pro-Clemente) y la SER (anti- Clemente) bullían todas las noches, en un debate que también se trasladaba a la prensa escrita. En medio de la controversia generalizada sobre los jugadores seleccionados y el estilo de juego, el debut no fue precisamente afortunado; un empate a dos ante Corea del Norte, en un partido en el que se llegó a ir ganando 2-0. Una vez más el Mundial empezaba con malas noticias para España.
Desde el comienzo la figura de Javier Comento provocó un debate nacional que se extendería durante toda su trayectoria. Su apuesta decidida por un fútbol de corte y rasga, contundente, defensivo y postergando alguno de los jugadores de más nivel técnico del momento dividió a afición y prensa como nunca antes. Meter a España en el Mundial 94, tras un complicado grupo reforzó mucho su posición.
El siguiente rival era de tronío: la vigente campeona Alemania. Ante la inquietud generalizada por el pobre inicio, la selección cuaja un notable partido ante los germanos. Se adelanta con un gol un tanto inverosímil del extremo Goikoechea y aunque Klinsmann empata nada más comenzar el segundo tiempo, la selección aguante el envite y sella un meritorio empate. Toca certificar el pase ante la débil Bolivia y Clemente revoluciona el equipo dando paso a la calidad y el toque con una alineación inicial que incluye a Guardiola, Caminero, Guerrero y Felipe. Peso a ello, o precisamente por i a contra corriente del estilo de la selección el partido es pobre y se resuelve por la inspiración de Caminero, con dos goles, y la candidez del rival (3-1). “¿Veis”, hoy jugaron los que os gustan y casi la cagamos” llega a decirle el técnico a la prensa.

En octavos de final el oponente parece accesible; Suiza y se pone en danza una alineación plagada de defensas que suena a desafío del técnico. Pero la acumulación de defensores teóricos es una tramposa táctica en la medida que algunos de ellos adelantan sus posiciones (Hierro y Nadal juegan realmente en el centro del campo) y en los laterales Sergi y Ferrer actúan en la practica como dos carrileros de largo recorrido y permanentes incorporaciones al ataque. Con esas premisas España domina en todo momento el encuentro y se impone por un rotundo 3-0. Clemente defiende una máxima que le crea nuevos opositores: las alineaciones y estrategias deben de estar en función del rival y por ende, pueden cambiar en cada encuentro. Algo que parece chocar con la mentalidad de un equipo puntero.
La diferencia de calidad entre Julio Salinas y Roberto Baggio selló el resultado de un intenso duelo de cuartos de final, donde los viejos fantasmas de mala fortuna y destino fatalista aparecieron en su máxima expresión. La imagen de Luis Enrique ensangrentado tras el codazo de Tasotti reforzó aún más la sensación de impotencia tras un gran partido con resultado adverso.
En cuartos, en Boston, llega el coco. Italia, dirigida por el legendario Arrigo Sacchi y con nombres de fuste como Donadoni, Baresi, Maldini, Tasotti, Costacurta o los hermanos Baggio. Los trasalpinos llevan un mundial de juego discreto y se han clasificado con muchos apuros para octavos en donde han estado a punto de ser eliminados por Nigeria. España parece llena de fuerza y confianza y sale con Zubizarreta, Ferrer, Alkorta, Nadal. Abelardo, Otero, Goikoechea, Baquero (Hierro, 64`), Caminero, Sergi (Salinas 64) y Luis Enrique. De nuevo una alineación sin delanteros aparentes y con ausencia de centrocampistas de perfil creador. La primera parte es discreta y sin que la selección genere peligro, con una Italia posicionada de forma rigurosa y que se adelanta en el marcador por un disparo lejano de Dino Baggio. Malas perspectivas al descanso y con la esperanza que Clemente se decida por dar entrada a jugadores capaces de crear peligro. Todo cambia sin embrago en la reanudación. España da un paso al frente y se empieza a apoderar del encuentro. En el minuto 58 una jugada en la que participan varios jugadores españoles (Luis Enrique, Sergi y Otero) llega a los pies de Caminero que conecta un preciso remate que el meta italiano, Pagliuca, no logra atajar, empatando la contienda. A partir de ahí comienzan los mejores minutos de España en el Mundial, llena de fuerza y determinación, con un Caminero Imperial y que somete a una Italia que apenas logra defenderse como puede, Clemente refuerza el medio campo y la delantera con la salida de Hierro y Salinas y es este último quien protagoniza uno de los momentos más dramáticos de la historia del combinado nacional. Casi al final del encuentro se anticipa a los defensores trasalpinos y se planta solo ante el portero italiano. El imprevisible delantero vasco titubea y manda la pelota a los pies de cancerbero. Una oportunidad inmejorable se ha perdido. Apenas cuatro minutos después. Alkorta, imperial toda la tarde en el marcaje de Roberto Baggio, el delantero italiano de más talento, es superado por primera vez en una contra italiana. La pelota llega al habilidoso delantero de la Juventus y Zubizarreta duda en la salida. La consecuencia no es otra que un 1-2 a todas luces injusto por lo que se ha visto en el terreno de juego. Pero ahí no acaban las desgracias. En el último minuto en un ataque desesperado español, Tasotti, defensa italiano, da un codazo a Luis Enrique dentro del área, partiéndole la nariz sin que el colegiado pite una pena máxima de libro. La imagen del asturiano con la sangre cubriéndole la camiseta da la vuelta al mundo y es una metáfora perfecta de la impotencia de una selección que ha vuelto a ser eliminada en el mejor partido que ha disputado. No pocas criticas se volcaron de nuevo en Clemente por su apuesta por un delantero, Salinas, fiel a su causa y que la última temporada se la había pasado en el banquillo del Barça. Pero no es menos cierto que en el camino había marcado algunos goles decisivos.
Italia llegará a la final del campeonato en la que será derrotada por Brasil en la tanda de penaltis, en la primera finalísima en la que no se marcaran goles. Paradojas del destino, será el gran héroe del camino a la misma, Baggio, el que falle uno de los penaltis de la tanda. Los cariocas con un gran equipo en el que destaca el delantero Romario, retoman el cetro mundial que no lograban desde 1970

