
A finales del siglo XX y comienzos del XXI, los tres grandes se disponían a celebrar sus primeros cien años de vida por todo lo alto. Los días señalados para tan magno acontecimiento concluyeron con grandes fiestas…….y con resultados adversos
El primero en dar el pistoletazo de salida fue el Barca. En 1998 se cumplía el centenario de aquel anuncio en el periódico de un suizo afincado en Barcelona, Hans Gamper, para constituir un partido de fútbol de extranjeros en la cuidad y que daría lugar con el tiempo a una institución deportiva tan puntera. Eran los último años del Barça de José Luis Núñez, un riguroso empresario de origen vasco que había conseguido convertir al club en un referente del éxito deportivo y económico.
Pero su principal asistente en esa tarea, era un entrenador legendario al que había terminado enfrentado, Johan Cruyff. La salida traumática del holandés en 1996 se había tratado de compensar con mucho fichaje millonario y con la contratación de otro técnico de los Países Bajos, con el que aparentemente sostenía muchos lazos: ambos se habían fraguado en el Ajax de Ámsterdam y mostraban un gusto coincidente por el fútbol ofensivo y vistoso. Su nombre era Louis Van Gaal, y era la apuesta de Núñez para acabar con el fantasma de Cruyff, que seguía pesando en el entorno azulgrana con mucha fuerza.

Van Gaal hizo doblete en la 97-98, pero desde el inicio se mostró como alguien arisco y desconectado de la grada. Además llenó el equipo de jugadores holandeses dejando de lado a la cantera, lo que no fue bien visto. El comienzo del año 98-99 fue irregular y el juego no convencía. El 28 de noviembre de 1998 se cumplen cien años y todo esta preparado para la fiesta. Joan Manuel Serrat canta el himno del Barça al comienzo del partido y el rival es de empaque; el Atlético de Madrid que ese año entrena Arrigo Sacchi, nada menos. En el Barça faltan Figo, Luis Enrique y Guardiola, pero aparece en el once inicial un jovencísimo Xavi Hernández, además de Figo, estrella indiscutible de esos años. Tras la fiesta inicial el partido resulta una decepción completa. A los 38 minutos, el Atlético José Mari se interna en el área y es derribado. Penalty que transforma el yugoslavo Jugovick. El resto del encuentro es una manifestación de impotencia azulgrana ante una defensa ordenada que impide mover el marcador. Además se le une el hecho de que ese año el club ha conseguido la final de Liga de Campeones en el Camp Nou, y el equipo ha sido eliminado en la fase inicial, dando al traste con el sueño de ganarla en su estadio. El público concluye con un abucheo generalizado y un grito unánime “Fuera Van Gaal”. Con todo el Barça será campeón de Liga por segundo año consecutivo, aunque el sueño del proyecto del holandés, la Liga de Campeones, será esquivo.
Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid planificaron estruendosos actos para celebrar sus primeros cien años de existencia. Fueron grandes fiestas a las que les faltó la guinda del resultado final: en los tres casos se perdió el partido que daba por concluidos los homenajes. En el caso del Real Madrid, nada menos que una final de Copa del Rey
En 2002 le toca el turno al Real Madrid. Son los años del primer mandato de Florentino Pérez, y en consecuencia de esplendor de los llamados “Galácticos”. En 2000 ha llegado nada menos que Figo, el capitán del Barça. En el 2001 le toco el turno a Zidane, la estrella de la Juventus. Ambos por 10.000 millones de la época, una fortuna, que ha sido posible por la recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva. A ellos se les unen los Raúl, Roberto Carlos, Morientes, Michel Salgado, Helguera y demás. Parecen los indiscutibles favoritos para todo, aunque desde el comienzo de temporada funcionan quizá más como un combinado con acumulación de estrellas más que como un equipo compacto.
La Federación, en atención al acontecimiento que se acerca, le otorga la final de la Copa del Rey al estadio Santiago Bernabéu, a disputar un miércoles 6 de marzo, una fecha entre semana un tanto insólita para una final de Copa pero que coincide con el cumpleaños blanco. El equipo, entrenado por Vicente del Bosque, cumple con los pronósticos y llega a la finalísima. Su rival no es menor en el día señalado: el Deportivo de la Coruña que dirige desde el banquillo Javier Irureta y que dos años antes ha salido campeón de Liga. En sus filas, menos estrellas pero una colección de magníficos jugadores: Molina, Sacaloni, Naybet, Mauro Silva, Fran, Valerón o Digo Tristán. Pero todo está preparado para la fiesta blanca y pocos piensan que la sorpresa pueda darse. En el palco de autoridades, junto a los reyes de España, se concentran un ramillete de autoridades políticas y económicas del más alto nivel. Comienza el partido y los gallegos salen muy respondones; a los 6 minutos una serie de paredes entre Valerón, Tristán y el centrocampista Sergio González concluyen con una jugada de este último que marca el primer gol. Impactado por el mazazo de agua fría recibido los madridistas se muestran nerviosos y descentrados mientras que en el Deportivo, Valerón da una lección magistral de dominio de los tiempos y es precisamente de las botas del canario de las que parte la jugada del 0-2, que concluye con su olfato habitual Diego Tristán, en el minuto 38. Estupefacción en la mayoría del público que no esperaba ese guión que está a punto de ver un tercer gol coruñés con un remate de Valerón al palo nada más comenzar el segundo tiempo. Pero, como siempre, el Madrid no ha dicho su última palabra. Unos minutos más tarde una jugada en apariencia intrascendente concluye con la enésima muestra de oportunismo de Raúl, que recorta distancias. Se presume avalancha blanca, pero los de Irureta aguantan bien el envite y manejan con solvencia la ventaja. Final del partido y sorpresa por todo lo alto. Se habla de “Centerianazo” y supone el punto culminante de la época dorada del Coruña, un hito que le consolida como uno de los grandes indiscutibles del fútbol español y un triunfo de David contra Goliat. Una fiesta amarga desde el punto de vista blanco, que se compensará unos meses después con la conquista de una nueva Liga de Campeones, con la famosa bolea de Zidane en Glasgow.
Un año más tarde el centenario es el Atlético. Son épocas oscuras en el cuadro rojiblanco todavía con Jesús Gil al frente. En el ejercicio 1999-2000 una intervención judicial a media temporada ha concluido con un traumático descenso a segunda. Y eso con una plantilla de lujo con nombres ilustres del calado de Molina, Aguilera, Valerón, Baraja o Kiko. Y ,de remate, en el primer año “en el infierno”, no se ha sido capaz de ascender. La situación es tan tétrica que un mito del banquillo rojiblanco, Luis Aragonés, decide renunciar a jugar la Liga de Campeones con el Mallorca para volver a la que fue su casa durante tantos años. La lógica se impone y el equipo gana el campeonato de segunda división con solvencia y vuelve a primera. No es un año baladí el de 2003, ya que se cumplen cien años desde que un grupo de estudiantes vascos de Ingeniería en la capital de España decidieron crear una sucursal del Athletic de Bilbao, que en unos años se independizaría de su casa matriz. La vuelta a primera no tiene otro objetivo que el consolidar al equipo en la máxima categoría ya que las arcas, tras dos años en la división de plata, no andan muy boyantes. En consecuencia, el equipo lo forman una serie de jugadores bregados en primera pero lejos de estar en la agenda de un equipo con reales aspiraciones: Hibic, Sergi , Emerson, Jorge Larena, Movilla o Javi Moreno a los que se les unen veteranos de pasado ilustre pero en la recta final de sus carreras como Albertini o Sergi. La mayor esperanza es la joya de la cantera Fernando Torres, un jovencísimo delantero sobre es que recae el peso de aportar las gotas de calidad que faltan en el equipo. El desarrollo de la campaña es el previsto y que corresponde con la calidad del plantel; no se pasan apuros pero el mirar a los puestos de arriba se revela como utópico.
El 26 de abril fecha del centenario se prepara una fiesta por todo lo alto. Se pasea por las calles de Madrid con una bandera rojiblanca inmensa que llena de colorido las avenidas de la capital; vuelven para tan señalada fecha leyendas de la historia rojiblanca desde todos los puntos del globo: Luiz Pereira, Ayala, Garate, Adelardo, Marcel Domingo, Alemao……Un paracaidista aterriza en el centro del campo y el príncipe Felipe preside el encuentro. El rival es el Osasuna y el resultado es quizá lo de menos, ya que no es muy trascendente para la clasificación. Pero la fiesta tiene un lunar; siguiendo la tónica de sus últimos encuentros el equipo rojiblanco cuaja un pésimo partido y es derrotado 0-1. El público despide a los jugadores con abucheos, aunque deja de lado su enfado con el espectáculo de fuegos artificiales que se ha montado para despedir los actos. El que no abandona su malestar es Jesús Gil que al día siguiente en Telemadrid carga contra sus jugadores por el pobre encuentro disputado, dando lugar al la enésima crisis del gilismo. En realidad al equipo le llevará casi una década volver a los primeros puestos que por historia y afición le corresponden.
Tres centenarios, pues, de lujoso envoltorio en los que los festejos preparados no tuvieron el colofón esperado, lo que no obvió que tres instituciones señeras del fútbol español mostraran todo el esplendor de unas historias tan lustrosas.

