
El campeonato de 1990 se disputó en Italia, entonces epicentro del fútbol mundial, ya que disponía de los mejores equipos de Europa y de largo, la mejor Liga del momento. La selección española fue con una altas expectativas que no logró culminar, una vez más
En 1988 Luis Suárez sustituyó al ya muy veterano Miguel Muñoz al frente del equipo nacional. Dos años antes había llevado al combinado Sub-21 a conquistar el campeonato de Europa, de forma que parecía un cambio lógico. Los más escépticos señalaron, no obstante, que su currículo como técnico más allá de ese triunfo era más bien escaso. Vieja leyenda de los terrenos de juego (hasta que Rodri lo consiguió recientemente fue durante décadas el único español galardonado con el Balón de oro), sus grandes éxitos se habían producido con el Inter de Milán de los 60 de tal forma que el campeonato en tierras italianas tenía para él un simbolismo muy acusado. Era una leyenda del fútbol transalpino pese a no ser Italiano y el país de la bota era la sede del evento de 1990.
La clasificación para el Mundial no revistió ,en esta ocasión, grandes problemas; ya que el grupo de Eire, Irlanda del Norte, Malta o Hungría no tenía rivales de cierta complicación más allá de los Irlandeses y se clasificaban los dos primeros de grupo. La base de la selección seguía siendo la Quinta del Buitre (Michel, Sanchis, Martin Vazquez y Butragueño) completada con el eterno Zubizarreta, y otros elementos como el central Andrinúa, el centrocampista Roberto y los delanteros Manolo o Julio Salinas. Los madridistas dominaban el campeonato español con mano de hierro, pero un cierto escepticismo se había apoderado de la afición en relación a su auténtico nivel internacional. Las sucesivas decepciones en su asalto a la Copa de Europa, los baños recibidos a cargo del Milán de Sacchi o el pobre papel de la Eurocopa del 88 en Alemania habían creado una sensación de que en las grandes citas internacionales el nivel de esa generación no era tan fiable. De nuevo se planteaba ante ellos la oportunidad de desmentir esa creencia cada vez más extendida

El sorteo de la fase inicial del Mundial dio como resultado un grupo relativamente asequible aunque no exento de dificultades: Uruguay, Bélgica y Corea del Norte. En la lista final de Suárez hubo algunas novedades notables como el defensa central Górriz, una vieja leyenda de la Real campeona de Liga que vivía una segunda juventud, el defensa lateral sevillista Rafa Paz o el medio zaragocista Villarroya. Se suponía que la fuerza de la selección se encontraba en el medio campo, donde la esperanzas residían en Michel y Martín Vázquez, este último había firmado un millonario contrato con el Torino italiano y se le consideraba como uno de los mejores medios de Europa. En la delantera el tándem Butragueño- Manolo había mostrado una buena compenetración en los partidos de la fase clasificatoria.
Las expectativas para el Mundial del 90 era una vez más altas, aunque los recientes fracasos en compromisos internacionales a nivel de equipo y selección, de la «Quinta del Buitre, habían mitigado las esperanzas de hacer algo importante. Se tenía la sensación que la Liga española mostraba un nivel bajo en relación a otras como la italiana
Pero para no perder la vieja costumbre el debut fue más que decepcionante. España y Uruguay empataron a cero en un partido soporífero en el que además los uruguayos fallaron un penalti. Los viejos fantasmas volvían a aparecer y el próximo partido ante Corea del Norte se recibió con inquietud. Además, algunas voces empezaban a cuestionar la figura del seleccionador. Suárez cometió la cierta imprudencia de firmar un contrato con la cadena SER para comentar las jomadas del Mundial y eso levantó las iras del gran factótum del periodismo deportivo del momento, José María García, en eterna lucha contra la emisora del grupo Prisa, y que desde entonces empezaría a criticar sin freno al seleccionador, al que hasta la fecha había defendido. Ser objeto de las puyas de García en aquellos años era un mal negocio para cualquiera, dando su preeminencia en la audiencia.

Contra los coreanos no se mejora mucho el juego pero su vive una tarde inspiración de Michel, que con tres tantos de bella factura, con los que acalla las críticas que había recibido en el primer partido. La imagen captada por las cámaras de televisión del centrocampista español gritando «Me lo merezco, me lo merezco» después del tercer gol dio la vuelta al mundo. El 3-1 final calma las aguas y deja el campo libre de cara al último partido de la fase inicial contra Bélgica, el amargo verdugo del Mundial 86 que ya se había clasificado y puede tomarse el choque con cierta tranquilidad. La selección parece más sólida y en el minuto 21 Michel, de nuevo , adelanta a España con un penalti. Empatan los belgas y en el 39, Gorriz una de las novedades de la lista de Muñoz sella el definitivo 2-1 con un remate de cabeza. La segunda parte muestra a una España confiada y que no pasa apuros para poder mantener el resultado y certificar su pase como primera de grupo.
Empezaba la hora de la verdad con los octavos de final, a partido único y con toda la incertidumbre del mundo. El rival es incómodo, Yugoslavia, vieja conocida de muchas batallas y todavía con un combinado que incluye a serbios, croatas y demás componentes de la antigua nación que saltaría por los aires un par de años después por una cruel guerra. El partido es en Verona y Suárez pone en danza a Zubizarreta, Chendo, Sanchis, Andrinua (Jimenez minuto 50), Gorriz, Michel, Roberto, Martin Vazquez, Villarroya, Julio Salinas y Butragueño (Rafa Paz, minuto 78). Desde el inicio se ve a una selección española por primera vez decidida a imponer su juego, de manera que frente a la portería balcánica se suceden las oportunidades de gol que no se concretan: Salinas, Butragueño, Roberto y Martín Vázquez pueden inaugurar la contienda. Este último ,por fin, empieza a mostrar un nivel digno de las expectativas puestas en él y con potentes arrancadas desde el medio campo genera peligro en el área rival. En el segundo tiempo sigue la tónica del dominio español y Butragueño (muy gris todo el campeonato) estrella un balón en el poste. Parece increíble que ante tanta sucesión de ocasiones el marcador no se inaugure y lo que acaba ocurriendo es lo que todo el mundo teme a medida que pasan los minutos; que a la primera que tengan los yugoslavos no perdonen. El talentoso delantero Stojkovic, en uno de los aislados ataques yugoslavos caza un balón en el área, realiza un par de recortes y fusila a Zubizarreta.

Todo parece acabado, pero minutos más tarde Martín Vázquez lanza de forma defectuosa, con la fortuna de que le llega el balón al siempre sorprendente Julio Salinas que empuja el balón para empatar; uno de esos goles extraños que tanto caracterizaron la trayectoria del delantero vasco. Es la prórroga que da un aire de esperanza que al poco de iniciar la misma se viene abajo cuando el propio Stojkovic, de golpe franco magistralmente lanzado, pone el 1-2. Un día después una imagen refleja que Michel apartó la cara en el momento del lanzamiento lo cual dará lugar a una ola de críticas al centrocampista español que se defenderá aludiendo que se trató de un acto reflejo. Nada cambia en el resto del periodo extra con una España cansada y que no se explica cómo no ha podido sentenciar un partido en el que ha tenido un carrusel de oportunidades sin concreción. El viejo fantasma aparece; cuando se juega mejor se es eliminado.
Para no perder la costumbre en el partido decisivo España jugó bien, mereció ganar y se volvió a casa de forma prematura y dolorosa. Fue un campeonato en el que se pagó muy caro la ausencia de hombres gol capaces de decidir encuentros en los que los fallos se penalizan con la eliminación
La imagen de Suárez, expulsado del partido y rodeado de policías, quedó tocada después de esta temprana eliminación. Se le reprocharon ciertas decisiones como la marginación del atlético Manolo, de tan buen rendimiento en la fase de clasificación, o los nulos minutos de Bakero o Pardeza, más aún cuando el Mundial de Butragueño fue tan oscuro. Los delanteros españoles apenas metieron un gol en toda la Copa del Mundo, pero era algo relativamente lógico en una época en que los equipos de la Liga solo tenían tres extranjeros y la mayoría de ellos eran atacantes.. Los malos resultados de la fase de clasificación de la Eurocopa del 92, único torneo relevante de las última décadas al que no acudiría España, sellaron su destino como seleccionador, siendo cesado en no mucho tiempo. Le sustituirá, fugazmente, Vicente Miera.
El Mundial recibirá criticas por casi todos, aficionados y periodistas, por el pobre nivel de juego mostrado a lo largo del mismo. Por primera y única vez en la historia se repetirá la final de cuatro años antes, a la que acceden Alemania y Argentina. Ganarán los europeos tras una deleznable final, resuelta por un penalti dudoso a falta de seis minutos para acabar y marcada por la renuncia a jugar de los argentinos que sufrirán dos expulsiones por su agresividad y contundencia.Un broche consecuente con el desarrollo del campeonato

