
La rivalidad es posiblemente uno de los alicientes más importantes que hay en el fútbol. En España hay importantes ejemplos de enemistad futbolística. Hacemos un recorrido por los derbis más importantes que se disputan en nuestro país.
Michel Platini dijo una vez que “un equipo de fútbol representaba una manera de ser, una cultura”. Por fortuna, en el mundo de hoy, no existe una sola cultura, ni tampoco una única manera de ser. Algunas veces las culturas consiguen convivir, sin embargo, en otras ocasiones, colisionan. Cuando esto sucede se dice que hay un choque cultural. Pues bien, en el mundo del fútbol el choque cultural se llama derbi.
Los derbis son partidos repletos de tensión, superación y necesidad. Encuentros de rivalidad donde el adversario comparte barrio, ciudad, región o incluso isla. España es uno de los países más futbolero del plantea, razón por la cual está repleto de derbis. Todos son diferentes entre sí, y cada uno tiene sus propias particularidades.
En Galicia, por el ejemplo, o noso derbi, es una disputa por la representatividad del territorio. Tanto Depor como Celta quieren ganar para sentirse más gallego que el rival. El vencedor se convierte en el auténtico estandarte futbolístico de la nación de Breogán. La gloria y la simbología solo puede pertenecer a uno.
Los derbis son partidos repletos de tensión, superación y necesidad. Encuentros de rivalidad donde el adversario comparte barrio, ciudad, región o incluso isla.
Por el contrario, en Asturias, la rivalidad va más allá de la tierra, allí la disputa va de otra cosa. A pesar de compartir un mismo Principado, Real Oviedo y Sporting, son equipos con realidades opuestas. Lo son porque sus ciudades son antagónicas entre sí. Gijon, obrera y combativa, Oviedo, señorial y burguesa. Durante noventa minutos, el fútbol se convierte en otro escenario más de una eterna lucha social.

En Euskadi, sin embargo, la rivalidad aparenta ser pacífica. En buena medida porque en esa sociedad, el nacionalismo lo tiñe todo, incluso los partidos entre Athletic y Real. Ser vasco, es lo más importante, incluso más que el propio fútbol. Razón por la cual las “previas” son aquelarres de hinchas, vizcaínos y guipuzcoanos, compartiendo, pintxos, potes y txakoli. Una armonía que es puro teatro. Se detestan igual, aunque aparenten lo contrario.
El derbi vaso dejó un momento icónico en la historia de nuestro país que merece ser recordado. El 5 de diciembre de 1976 una foto cambió muchas cosas en Euskadi y en España. Iribar y Kortabarria, capitanes de Athletic y Real Sociedad, levantaron al cielo de Atotxa una “Ikurriña”. Franco había muerto apenas un año antes. Nuestro país transitaba lentamente hacia las libertades democráticas. La “Ikurriña”, seguía perseguida, sin embargo, semanas después de aquella instantánea, la enseña vasca fue legalizada. Nadie duda que esa foto ayudó. Para muchos, de hecho, fue fundamental. Aquel derbi vasco de 1976 trascendió al fútbol y quedó grabado en la memoria colectiva de nuestro país.

En España también hay derbis edulcorados por la desigualdad. Posiblemente el mayor ejemplo esté en Barcelona. Una ciudad donde la relevancia del Barça es absoluta. El Espanyol y sus seguidores pericos son una minoría, fiel y leal, pero demasiado minoría. Pocos, dentro y fuera, de nuestras fronteras ven realmente en los blanquiazules un rival digno para los blaugranas. Tal vez por ese desdén, cuando el Espanyol juega con el Barça, muerde, mata y acorrala. En Valencia, sucede algo parecido. El Levante, vive encorsetado en la lejanía del puerto, viendo como la preferencia de la ciudad la tiene el Valencia C.F. La diferencia, social y deportiva, es tan grande que en la ciudad del Turia más que rivalidad existe una mutua y desagradable indiferencia.
En Madrid, en la capital del país, las hostilidades por su derbi se sufren por las esquinas. Se soportan en calles, gradas, escuelas y oficinas. Atlético y Real no solo comparten ciudad sino también una atávica amargura. Se odian, se desprecian y se ignoran de la misma forma que se comparte en un bar, una Mahou, con el insoportable vecino del tercero.
El fútbol es en esencia identidad y sentimiento. La rivalidad, querer vencer a tu eterno enemigo, refleja la naturaleza popular de este deporte. Algo que esta tatuado en tus orígenes, en una manera de ver la vida y una cultura.
Pero si hay una ciudad en España donde la rivalidad es superlativa, esa es Sevilla. Realmente los hispalenses han regalado un tesoro a nuestro fútbol. Cada año, Sevilla F.C. y Betis, disputan el partido de fútbol más especial e intenso que se juega en nuestro país. La palabra, pasión, se queda corta para definir estos encuentros. En la capital andaluza, se es de uno, de la misma manera que se va contra el otro. Los derbis no se ganan, se soportan. Vencer lleva consigo meses de redención, sin embargo, perder, supone un viaje a galeras a remar.

El fútbol es en esencia identidad y sentimiento. La rivalidad, querer vencer a tu eterno enemigo, refleja la naturaleza popular de este deporte. Algo que esta tatuado en tus orígenes, en una manera de ver la vida y una cultura. Por esa razón los equipos siempre serán del hincha y de los aficionados. Hagan lo que hagan, dirigentes, directivos y todo tipo de especuladores, jamás podrán cambiar eso. El fútbol es pasión, no negocio. Por eso, odio eterno, no al rival, sino al fútbol moderno.

