
La mercantilización del futbol está cambiando muchas cosas. El deporte con el que crecieron algunos esta cambiando por completo. Los precios desorbitado para las entradas de la final de la Copa del Rey nos lleva a una profunda reflexión. Es momento para que el hicha se revele.
¿Cuándo se jodió el Perú? Con esta frase, el nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, reflejó en su novela “La Conversión en la Catedral” la corrupción, la dictadura y la mediocridad política que reinaba a finales de los años sesenta en el país latinoamericano.
Esa pregunta sobrepaso aquella novela y se convirtió en una frase recurrente cuando se quiere reflejar la degradación que acontece en determinadas situaciones. Pues bien, ha llegado el momento (y vamos tarde), en que los aficionados al fútbol, nos preguntemos, seriamente, ¿Cuándo se jodió nuestro deporte?

Ese juego sencillo y popular que envuelve una pasión inexplicable, se encuentra en serio peligro de muerte. Desgraciadamente un conjunto de avariciosos dirigente lo quiere cambiar por completo. Su único objetivo es ganar dinero a costa del hincha y del aficionado.
El próximo 18 de abril de 2026, mi equipo, el Atlético de Madrid juega una histórica final del Copa frente a la Real Sociedad. Después de mas de diez años, los colchoneros volvemos a jugar el partido de fútbol más importante que se disputa en nuestro país. La afición rojiblanca, ilusionada y comprometida, se ha volcado para acompañar a su equipo en Sevilla. Sin embargo, a muchos de los nuestros el precio de las entradas les impedirá disfrutar del evento.
Cuando un “boleto” supone un desembolso de más de 200 euros, muchos y no pocos, se ven obligados a renunciar. Por desgracia la pasión del hincha, colchonero o txuriurdin ha quedado mercantilizada.
Cuando un “boleto” supone un desembolso de más de 200 euros, muchos y no pocos, se ven obligados a renunciar. Por desgracia la pasión del hincha, colchonero o txuriurdin ha quedado mercantilizada. Ya no se trata de querer, desgraciadamente es poder. Algo que va contra la esencia del fútbol. Un deporte sencillo que se juega chutando una pelota. Una acción, o reacción, que lo hace cualquiera espontáneamente desde la cuna.

Durante el último tiempo un grupo de dirigentes nos está robando el deporte con el que crecimos. Hablan sin tapujos de organizar partidos de liga en lejanas latitudes. Imitando el dañino ejemplo de la Suercopa de España, una competición conquistada por petrodólares y usurpada a los aficionados de grada.
El fútbol nunca fue elite y por mucho que se empeñen algunos gerifaltes jamás lo será. Expulsando al hincha y limitando su pasión el final del juego está cada vez más cerca. El que concibe este deporte como un santuario de privilegios no ha entendido nada, el fútbol es infancia, calle y pueblo. Siempre será mas atractivo un partido en una tribuna de piedra que un espectáculo artificial desde un palco llamado premium.
Durante el último tiempo un grupo de dirigentes nos está robando el deporte con el que crecimos. Hablan sin tapujos de organizar partidos de liga en lejanas latitudes. Imitando el dañino ejemplo de la Suercopa de España, una competición conquistada por petrodólares y usurpada a los aficionados de grada.
Cuando vi el precio desorbitado de las entradas me acordé de mis abuelos paternos. Unos sacrificados extremeños que a finales de los sesenta dejaron su tierra para instalarse en un humilde piso de la barriada de Caño Roto en Carabanchel en la periferia de Madrid. Muy cerca de aquella casa estaba el estadio Vicente Calderon. Una circunstancia que sin saberlo hizo que mis abuelos viajaran por todo el país.

A mis abuelos no les gustaba el fútbol, de hecho, tenían poco interés en él, sin embargo y paradójicamente eran socios de una peña del Atleti. En su barrio y debido a la cercanía del Calderon vivían muchos colchoneros. Gracias a esa peña, recorrieron España, era una forma barata de viajar. Cuando la peña organizaba viajes para acompañar al Atleti en sus desplazamientos mis abuelos se unían. Se subían a un autobús que les permitió conocer ciudades como Granada, Sevilla, Valencia o Barcelona. Aquel fútbol era una forma de ver la vida, sencilla.
Hoy todo es demasiado ostentoso. Con imprudencia y mala fe se ha comercializado algo esencialmente popular y sencillo. El precio de las entradas es solo una cuestión más de una tendencia incidente. Es hora de que el hincha diga basta. Ha llegado el momento de exigir que dejen en paz nuestra pasión y que los piratas saquen sus sucias manos de nuestro deporte. ¿Cuándo se jodió el fútbol? Odio eterno al fútbol moderno.

