El Atlético de Madrid vive momentos de cambios y transición. A través de un breve recorrido por su historia reciente analizamos los errores y aciertos del ultimo tiempo.    

Desde hace varias temporadas, la crónica deportiva entorno al Atlético de Madrid tiene siempre un único eje de análisis, su entrenador. Cualquier victoria o derrota del equipo colchonero provoca ácidos comentarios sobre Diego Pablo Simeone. El debate es transversal y coloniza medios de comunicación, charlas de aficionados y tertulias entre amigos.

Es posible que el interés público que concita Simeone se deba a su prolongada estancia en el banquillo del Metropolitano. No olvidemos que el “Cholo” ha sido el entrenador del Atlético de Madrid durante las últimas catorce temporadas. Un hecho que, en sí mismo, es una anomalía en el fútbol moderno y porque no decirlo, también de la sociedad contemporánea, donde se anhela de forma compulsiva, inmediatez y cambio.

Como en cualquier otro espectáculo, el fútbol de hoy necesita impactos, emociones y giros inesperados. La presencia del mismo personaje durante años aburre demasiado. Aunque entre los detractores de Simeone, el hartazgo, no es el único sentimiento existente.

La forma de entender el futbol del “Cholo” es radicalmente opuesta al sentir mayoritario de los aficionados españoles. De hecho, Simeone es un elemento extraño dentro de nuestro ecosistema futbolístico. En España ha enraizado con fuerza la idea de toque, pase y posesión. En gran medida por los éxitos de equipos como el Dream Team de Cruyff, la Roja del “tiqui taca” ideada por Luis Aragones y el Barça de Guardiola.

Sin embargo y a pesar de este choque cultural, Simeone, resiste. Posiblemente los motivos que lo explican sean dos. El primero tiene que ver con la idiosincrasia propia de los colchoneros. Una afición rebelde, equidistante con los patrones establecido y permeable históricamente a convivir con equipos intensos, de pierna dura y contragolpe vertiginoso.

Muchos colchoneros, vean en Simeone un emblema, un mito y algo más que una leyenda. Sin embargo, nada en la vida es eterno, ni unánime. La veneración por el “Cholo”, tampoco. En el último tiempo, algunos y no pocos, perciben en el entrenador argentino signos de agotamiento.

El otro motivo y seguramente el mas importantes, es el éxito. Con Simeone en el banquillo, los colchoneros han despertado de un letargo insoportable, diez nuevos trofeos han aterrizado en las vitrinas del Metropolitano. Aunque seguramente el legado más importante del “Cholo” no sean esas copas. Ha recuperado la histórica esencia competitiva del Atleti. Un logro mayúsculo y al alcance de pocos, muy pocos.

Este cambio ha provocado que muchos colchoneros, vean en Simeone un emblema, un mito y algo más que una leyenda. Sin embargo, nada en la vida es eterno, ni unánime. La veneración por el “Cholo”, tampoco. En el último tiempo, algunos y no pocos, perciben en el entrenador argentino signos de agotamiento. Su argumento es claro, hace cinco años que no se gana nada. Un dato que puede cambiar un relato por completo.

Más allá del debate de juego y estilo, remora insalvable para Simeone, en el último lustro el equipo rojiblanco ha tenido serias dificultades para pelear por los títulos. De hecho, no lo ha conseguido. Han sido años donde un conformismo estructural, estimulado desde la cúspide del club, ha adormecido la rebeldía del Cholo y del propio Atleti. Acomodados en una extraña opulencia dentro de la burguesía del fútbol europeo, un único objetivo parecía alcanzable, clasificarse, sin más, para la Champions. Reto asequible, fácil y discreto.

La revolución cholista acercó al Atleti a la elite, pero también lo separó irremediablemente de la clase media de la liga. Superar a Madrid y Barca no debe ser una exigencia, sin embargo, vencer al resto, es más que una obligación.

En este tiempo la desidia ha sido tan grande que recuperar la rebeldía es el gran reto al que se enfrenta hoy Simeone. La conformidad de los dirigentes supone una vuelta a la vulgaridad del pasado. Esta indefinición posiblemente no acabé en el infierno de Segunda División como antaño, pero en el Metropolitano se ha vuelto a convivir con el conformismo de los años de plomo.

El auge deportivo conseguido durante la primera década de la era Simeone no fue acompañada con un desarrollo paralelo de la estructura deportiva. Los dueños del Atleti no tuvieron, ni ambición, ni valentía.

El auge deportivo conseguido durante la primera década de la era Simeone no fue acompañada con un desarrollo paralelo de la estructura deportiva. Los dueños del Atleti no tuvieron, ni ambición, ni valentía. Realmente la única pieza en todo el organigrama del club que se desenvolvía con eficacia era el entrenador. Capaz de potenciar plantillas descompasadas y mal confeccionadas. Realmente en aquello años, Simeone hacía milagros temporada tras temporada.

Cuando aparecieran las primeras grietas en el equipo del Cholo la dirección deportiva del Atleti carecía de servicios de scouting solventes, apenas usaba red de ojeadores y la planificación deportiva brillaba por su ausencia. Para solventar los problemas se recurría de forma improvisada a un mercado toxico plagado de agentes, comisionistas e intermediarios de dudosa fiabilidad. La consecuencia, fueron y siguen siendo evidentes. Se despilfarra el dinero, se llega mal y tarde. A la larga, la falta de ambición de los dueños ha provocado gastos excesivos y malinversion. Resumiendo, ser cutres, al final se acabó pagando.

La errática gestión deportiva en Atleti se hizo más que patente en últimos veranos. Dos dramáticas ventanas de fichajes provocaron una inversión excesivamente costosa, con resultados ineficaces. La cifra final del gasto se acercó a los 350 millones de euros, fichándose la friolera de catorce futbolistas. Las negligencias del pasado obligaban a una apresurada reestructuración de plantilla. Desgraciadamente se cayó en la precipitación y el despilfarro.

El fútbol europeo actual, está condicionado por la inflación que impone el poder económico de la Premier League. Circunstancia que obliga a ser muy eficaz en la inversión. Los jugadores de calidad y talento suelen tener precios superiores a los cincuenta millones de euros. En realidad, por debajo de esta cifra es difícil, por no decir imposible, firmar futbolista de elite europea.

Si nos detenemos a analizar los fichajes realizados por el Atleti en estos dos últimos veranos, observaremos el débil manejo del mercado que ha tenido la dirección deportiva del club. De hecho, ha mostrado síntomas de estar sobrepasada por las circunstancias, implementado estrategias inocuas que en vez de revalorizar el proyecto han mermado la capacidad competitiva del equipo.

Se han abordado tres fichajes estratégicos con importe elevados. Gracias a estas operaciones han llegado al Metropolitano Julián Álvarez, Baena y Nico. El desembolso por cada uno de ellos ha superado los cincuenta millones de euros, incluso por Julián ha rondado los noventa.  Evidentemente afrontar este tipo de operaciones requiere musculo financiero. La identidad colchonera ha demostrado capacidad económica para sufragarlas. Cuestión que debe valorarse porque no todos los clubes de España y Europa pueden hacerlo. Ahora bien, este tipo de fichajes tienen un riesgo bajo desde el punto de vista deportivo. Atañen a futbolistas contrastados que suelen proporcionar rendimiento inmediato y de alto nivel. En definitiva, para afrontar estas operaciones es más importante tener “pasta” que criterio futbolístico.

Se ha tratado de reforzar al Atlético de Madrid con muchos futbolistas alejados de la elite europea. Su nivel y su calidad distan mucho de estar alineadas con la exigencia del club. La consecuencia de esta estrategia provoca que la plantilla actual del Atlético de Madrid esté colonizada por una alarmante mediocridad.

Por otro lado, en el último tiempo, el Atleti también ha realizado un par de incorporaciones que pueden calificarse como oportunidades de mercado. Fichajes que cubren necesidades periféricas de plantilla. En concreto supusieron la llegada de un portero suplente de garantías y un quinto central, a priori, para disputar pocos minutos de juego. Los costes desembolsados por ellos han sido bajos. Por el cancerbero argentino, Musso, apenas se han pagado tres millones de euros mientras que el defensa francés, Lenglet, ha llegado gratis. Ambas operaciones eran necesarias, pero su transcendencia tanto desde el punto de vista financiero como deportivo es baja.

Por último, tendríamos las operaciones que diagnostican la eficacia y la solvencia de una gerencia deportiva. En concreto, se trata de los fichajes que el Atlético de Madrid ha realizado entre quince y cincuenta millones de euros. Las operaciones en esta horquilla de inversión han sido nueve de un total catorce. Acertar con estos jugadores era de vital importancia. A falta de una política de cantera que genere recursos amplios al primer equipo, con estas incorporaciones se pretendía cimentar la base de la plantilla. De su éxito dependía la existencia de un plantel compensado, con exigencia interna y la posibilidad de alternancia. En definitiva, la piedra angular para que un equipo tenga musculo competitivo y pueda afrontar con solvencia todas las competiciones de una temporada.

Si nos detenemos a analizar los caladeros donde la Dirección Deportiva ha ido a “pescar” estos futbolistas, tenemos ya una primera muestra de la desvalorización del proyecto. Los fichajes provienen de equipos como Chealsea, Napoli, Atalanta, Real Sociedad, Olimpique de Lyon, Betis, Feyenoord, Almeria y Villareal. Salvo el club londinense, el resto está lejos, de la elite europea. De hecho, la mayoría alternan participaciones en Champions, con la segunda competición continental, la Europa League. En definitiva, se han lanzado las redes en equipos de nivel inferior al estatus actual del Atlético de Madrid. Una entidad que lleva más de una década disputando, temporada tras temporada, la máxima competición europea.

Además, y si profundizamos en el nivel futbolístico de los fichajes, ninguno de los nueve futbolistas incorporados tenía la etiqueta de jugador franquicia. Pubil, Le Normad, Hancko, Sørloth o Cardoso, eran complementos importantes, pero en ningun caso, referentes de sus equipos. Otros como Raspadori, Almada, Ruggeri o Conor Gallagher, incluso, eran suplentes habituales.

Se ha tratado de reforzar al Atlético de Madrid con muchos futbolistas alejados de la elite europea. Su nivel y su calidad distan mucho de estar alineadas con la exigencia del club. La consecuencia de esta estrategia provoca que la plantilla actual del Atlético de Madrid esté colonizada por una alarmante mediocridad. Cuando se ficha medianías, indudablemente lo que se ve en el campo es vulgaridad.

En definitiva, las decisiones de ámbito deportivo tomadas en el Atlético de Madrid en el último tiempo son de suspenso rotundo. La incomprensible y extraña gestión realizada está condicionada por una falta de ambición crónica y una escuálida estructura deportiva dentro del club.

La llegada del Fondo de Inversión Apolo, como accionista mayoritario, puede suponer una oportunidad de cambio. Si bien, no hay certezas que hagan pensar que la nueva propiedad tiene como principal objetivo potenciar el ámbito deportivo.

La llegada del Fondo de Inversión Apolo, como accionista mayoritario, puede suponer una oportunidad de cambio. Si bien, no hay certezas que hagan pensar que la nueva propiedad tiene como principal objetivo potenciar el ámbito deportivo.

Sin embargo, se ha producido un hecho que invita al optimismo. En otubre, Mateo Alemany fue nombrado nuevo Director Deportivo del Club. El directivo mallorquín es un reputado gestor con una dilatada experiencia en el mundo del fútbol. Sus actuaciones se han caracterizado generalmente por la eficacia y el buen hacer. De hecho, las primeras medidas que ha tomado han dejado clara su ruptura con el errático pasado. Gallagher y Raspadori, dos de los extraños fichajes han abandonado el club rojiblanco en enero. Lo han hecho además por un precio similar al invertido. Se trata de las primeras medidas en busca de una más que necesaria depuración de plantilla. Desgraciadamente queda demasiado trabajo por hacer. Deportivamente el Atlético de Madrid es hoy un gigante con pies de barro.

En estas circunstancias, el debate deportivo en torno al Atlético de Madrid debe sobrepasar a Simeone. El “Cholo” no puede seguir siendo el epicentro de todos los análisis. Es evidentemente que ya no hace milagros. Puede, incluso, que este acomodado en una zona de confort con poca exigencia, pero los problemas futbolísticos del Atleti no son de entrenador.

En el área deportiva del Atlético de Madrid urgen cambios profundos. Es necesario que la nueva propiedad los afronté con ambición, evitando de esa manera reproducir los errores del pasado. Hoy el mayor reto del club pasa por conseguir una estructura deportiva, seria, moderna y eficaz. Por el bien de los colchoneros, esperemos que Apolo lo consiga. El gilismo fracaso estrepitosamente en su intento. Realmente nunca les interesó. Es hora de superar las aburridas retoricas del pasado.

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