
El Real Madrid vive momentos complicados. Quizá, desde el punto de vista de la convivencia entre corrientes de aficionados, sea uno de sus momentos más convulsos.
Hace poco leí unas declaraciones del ex vicepresidente de la Comisión Europea , Josep Borrell. A pesar de mi desencanto general con lo que suelen decir los políticos, hubo una cosa sobre el sentido de la Unión Europea que me resultó interesante.
Se remontaba a los años posteriores a la II Guerra Mundial. Era la segunda contienda a nivel global que se originaba la vieja Europa en poco tempo. El mundo necesitaba una Europa estable que dejase de ser un polvorín constantemente a punto de estallar. Por eso se empezó a trabajar en una Europa unida. Que compartiese estrategias y mercados. Incluso fronteras. Que dejase de preocuparse por lo que tenía el vecino para tratar de lograr unos objetivos comunes que mantuvieran a los países integrantes lejos de la idea de atacarse o invadirse. Era una paz necesaria que se extendería al resto del mundo. O a casi todo.

Precisamente el futbol y la entonces conocida como Copa de Europa tuvo mucho que ver en esa búsqueda de fraternidad entre naciones. Éstas resolverían sus contiendas en un terreno de juego con un balón en lugar de liarse a cañonazos. Se podría decir, de hecho, que siendo el Real Madrid uno de los pioneros e impulsores de esta competición, además de su máximo exponente por haberla ganado quince veces, es también un elemento vertebrador muy relevante de la paz mundial. Un motivo más de orgullo del que poder sacar pecho gracias a nuestro Madrid.
Se podría decir, de hecho, que siendo el Real Madrid uno de los pioneros e impulsores de esta competición, además de su máximo exponente por haberla ganado quince veces, es también un elemento vertebrador muy relevante de la paz mundial.
Pero no me quiero desviar del tema. Decía Borrell que el hecho de que se trabajase por una paz duradera en Europa obligaba en cierta forma a un desarme generalizado que sirviese de garantía de esa paz. Esto dejaba en una posición vulnerable a todos los países que habían decidido ser amigos (en algunos casos obligados) frente a amenazas exteriores. Y por ello se creó la OTAN, que se encargaría de garantizar ante una amenaza rusa, china o de donde viniera, que otros países con alto potencial armamentístico saldrían al rescate. La fórmula resultó y proporciono uno de los periodos de paz más largos de la historia. ¿Cuál es el problema, ahora? Pues que Europa ahora ya pinta menos en el plano geopolítico y ya no preocupa tanto una posible guerra en la que antaño fue la zona que representaba la cuna de la civilización y cuyas influencias podían avocar a, nada menos, que una guerra mundial. Es por eso por lo que el “primo de Zumosol” que antaño era Estados Unidos ha pasado a decir que si Europa quiere protección, se la pague.

¿Qué lección útil podría sacar un madridista de toda esta historia? Pues que mientras seas influyente, o te preocupas de defenderte de los de dentro o te preocupas de los de fuera, pero atender a ambos frentes es imposible. El Madrid es influyente y siempre lo será. Para muestra está como ha manejado hasta la fecha los envites de UEFA y los desplantes de teóricos aliados. Por eso, creo que está claro que donde hay que prestar atención es a los ataques que vienen de las fuerzas exógenas. No tiene sentido seguir gastando fuerzas en luchar contra facciones que se arrogan en salvadores del madridismo queriéndole liberar de dictadores inexistentes.
No tiene sentido seguir gastando fuerzas en luchar contra facciones que se arrogan en salvadores del madridismo queriéndole liberar de dictadores inexistentes.
Hace tiempo que en el Real Madrid se viene viviendo una insoportable guerra civil. Da igual si los resultados son buenos o malos. Si el equipo da signos de debilidad o si apunta a mejoría. Una cierta sección de la afición, conocida por tener muy alta consideración sobre sus conocimientos empresariales y futbolísticos, aprovechara para decir que todo es un desastre y que la culpa es de Florentino Pérez.
Es un discurso manido. Que se escuchaba incluso cuando alguna Champions acababa de ser colocada en la vitrina. Es un discurso que busca unos fines que coinciden alarmantemente con los que buscan los rivales deportivos. Pero ese mensaje disidente se vende fácil y sale muy rentable económicamente. Ya sea desde el púlpito de los “influecers” o de los espacios deportivos de radios y televisiones.
No hay nada más dañino para el Real Madrid que aquellas facciones que escondidas tras un “puritano madridismo” abogan por desmontarlo todo para construir no se sabe qué. Ojalá se dieran cuenta de que en las guerras civiles siempre salen perdiendo los dos bandos.
Y por cierto, felicidades al Real Madrid que hoy, 6 de marzo, cumple 124 años. Ojalá le dejemos festejarlo en paz.


